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Una semana después.

Me encuentro de nuevo en el laboratorio. David me avisó que ya estaban listos los resultados y me vine de inmediato. La única diferencia es que estoy con mi bata de medico y Anne esta en uno de las habitaciones del área de cuidados médicos porque se volvió a desmayar y esta vez no la dejé pasar.

–Buenos días, David –lo saludé al entrar en su oficina.

–Buenos días. Estos son los resultados –me extendió una carpeta con un par de hojas y me senté a revisarlas.

Eso no puede ser cierto.

Confundido, las volví a leer.

No.

Eso no es verdad.

¿En qué momento...?

–Gracias, David –le agradecí y salí de su oficina tan rápido como pude.

Literalmente, corrí hacia la oficina de Adrien, la abrí y tiré los papeles en su escritorio.

–¡Lee! Esos son los resultados. ¡LEE!

–Ya los leo, pero cálmate –los tomó y los comenzó a leer. Mientras, yo me paseaba de un lado a otro por toda su oficina.

–No puedo creerlo –me pasé una mano por el cabello y suspiré pesadamente–. ¿Por qué?

–¿Ustedes no…?

–¡NO! –me senté y apoyé los codos en las rodillas –. No… no.

–Cálmate, ¿Qué vas a hacer?

–¿Qué crees que voy a hacer? –Salí de su oficina y me dirigí al área de cuidados médicos. Entré en la habitación en donde se encontraba Anne aun inconsciente con una enfermera cuidándola –. ¿Me puedes dejar solo con ella, por favor?

–Claro, regreso luego.

–Bien.

La enfermera salió, cerrando la puerta.

Me dedico a observarla, aún sin poderlo creer. Ella se ve tan frágil, tan inocente que simplemente no lo puedo creer.

Poco a poco fue abriendo los ojos, hasta tener ante ella una mirada que nunca pensó que podría ver.

Una mirada de decepción.

–¿Qué pasa? – preguntó incorporándose –. ¿Por qué traes esa cara?

Nunca pensé que esto me pudiera pasar a mí. La verdad, me tomó desprevenido esta noticia, pero tengo claro lo que tengo que hacer:

–¿De quién es el hijo que estas esperando?

Con la frente en alto, salí de esa habitación y caminé hasta la oficina del director de la clínica.

–Buenos días, Sr. Gavin.

–¡Buenos días! Que gusto verte.

–Quería hablarle sobre la propuesta que me hizo el otro día.

–Siéntate, por favor– le obedecí –¿Ya me tienes una respuesta?

–Si.

–¿Cuál es?

–Acepto la propuesta Sr. Gavin. Me voy a Rusia.

–¡Excelente, Derrick! No te vas a arrepentir, te lo aseguro.

–¿Cuándo me tengo que ir?

–Cuando tú quieras, solo déjame llamar a mi colega para darle la noticia.

–Oiga, quería hablarle de otra cosa.

–Si claro, dime.

–Me preocupa mucho dejar a mis pacientes solos…

–Por eso no te preocupes, voy a buscar a un psiquiatra que sea igual de excelente que tú.

–Ya me encargué de eso. Uno de mis antiguos compañeros de psiquiatría está dispuesto a hacerse cargo de mis pacientes, si usted lo permite, claro.

–Por supuesto que sí. Dile que venga mañana y arreglamos todo.

–Eso haré, gracias, Sr. Gavin.

–No hay de qué.

Un Psiquiatra Virgen Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora