CAPITULO 1
––Buenos días
––Buenos días, Dr. Blanc.
Camino hacia mi oficina, pero me detengo a saludar a mi secretaria.
––Buenos días, Anne. ¿Cómo amaneces?
––Buenos días, doctor. Estoy muy bien, ¿Y usted?
––Bastante bien, gracias. ¿Qué tenemos para hoy?
Ella suspira
––A las 8:00am, va a venir Carla Morel; al parecer tuvo otra recaída. –– asiento y ella sigue ––. Y a las 10:30am, viene su paciente favorita –– dijo eso último en tono de burla.
––¿Lauren? –– ella asiente –– No puede ser, ¿De verdad?
––Si, doctor. Llamó para programar una cita, y le dejó dicho que no había encontrado un mejor psiquiatra que usted.
––Bueno, está bien. Pero en lo que llegue Lauren, te das tus vueltas por mi oficina. Ya sabes cómo se pone. –– dije un tanto irritado.
––Claro, doctor. Pero le recuerdo que no lo voy a poder proteger toda la vida.
––Mientras trabajes aquí, lo harás.
––Está bien, doctor. Con mucho gusto lo protejo de las víboras que andan tras su virginidad. –– ella soltó una risita a la cual me uní.
––Que tengas un lindo día.
––Igualmente, doctor. Que tenga un placentero día –– me guiña un ojo y la miro de mala manera.
Entro a mi oficina. Me quito la chaqueta y me coloco mi bata blanca de doctor. Me siento en la silla de mi escritorio y reviso los expedientes de algunos de mis pacientes. Entre ellos: Carla Morel; una chiquilla de quince años con bulimia; a quien su tío trajo debido a que sus padres siempre están en viajes de negocios y no le dan importancia a ella, dejo su expediente a un lado y reviso el siguiente: Lauren Lefebvre; una chica de veintiséis años, que ha venido por si sola porque esta consiente de que ser adicta al sexo –– ninfómana –– no es normal. En todas las citas que hemos tenido, ella ha intentado quitarme la ropa; y si no fuese porque Anne me ha ayudado a quitármela de encima –– literalmente ––. En estos momentos no seguiría siendo virgen, ya que soy muy cobarde si se trata de tocar a las mujeres. No me gusta tocarlas. Me parecen algo muy sagrado; aunque una de ellas haya intentado violarme.
Escucho que alguien toca la puerta y me levanto a abrirla.
––Buenos días, Carla –– le digo amablemente.
––Buenos días, doctor. –– dice un poco nerviosa.
––Adelante. Toma asiento –– cierro la puerta detrás de mí, y me vuelvo a sentar en la silla de mi escritorio ––. ¿Cómo has estado?
––Bueno, como seguramente ya sabe –– hizo una pausa ––. Tuve otra recaída… Volví a vomitar.
––¿Y cómo te sientes al respecto?
––No lo sé muy bien, pero diría que me siento más aliviada; como si todos mis problemas se hubieran resuelto con tan solo vomitar. Pero a la vez me siento culpable por sentirme aliviada cuando vomito. Le prometí a mi tío que iba a salir de esto, y siento que le estoy fallando. –– dijo apenada.
––Muy bien, Carla. Te explico lo que pasa: Sientes alivio, porque esa fue tu forma de escapar de tu realidad; la única forma de sentirte en control cuando todo a tu alrededor estaba descontrolado. Cuando tus padres empezaron a distanciarse de ti, tú buscabas la manera de hacer que eso no te afectara; vomitar lo que comes, y sentirte débil después de ello, era una forma de autocastigo para ti. La debilidad en tu cuerpo te mantenía tan lejos de tu realidad, que lo comenzaste a hacer más y más seguido hasta que eso se convirtió en una costumbre, y a su vez, en un problema; un problema que nadie notó a excepción de tu tío. Si no hubiese sido porque él te convenció de buscar ayuda profesional; tú no estarías aquí. Tienes mucho tiempo con esto, Carla. Apenas tienes quince años; y eres de complexión delgada, por lo tanto, tu cuerpo no lo iba a soportar más tiempo. –– dejo salir un suspiro largo y sigo ––. Y está bien que te sientas culpable por sentir alivio, solo que tienes que controlarte más. Tienes que aguantar todo lo que puedas sin vomitar. Recuerda que estas en una guerra contra la bulimia; y si te descuidas, pierdes. No te dejes vencer tan fácilmente. Lucha por tu vida, Carla.
––Por supuesto, tenga por seguro que lo haré. Ya no quiero tener esto.
––Y te felicito por ello –– le dije sinceramente ––. Eres muy valiente. Has aguantado demasiado. Muchas de las personas con este trastorno, les cuesta mucho aceptar que tienen un problema. Algunas de ellas se dan cuenta a tiempo; y otras simplemente no les alcanza la vida para siquiera pensar que la bulimia es más peligrosa de lo que se cree. Lucha, Carla. No solo por ti, también por tu tío; que es el que se ha preocupado por ti desde el principio y te ha ayudado. Lucha por las personas que han tenido este trastorno y que lamentablemente ya no están con nosotros; esas personas que hubieran querido tener a alguien que los ayudara, también hazlo por mí; porque en este poco tiempo que llevo conociéndote, he hecho lo posible por ayudarte, porque ya no te veo como una paciente, sino como mi hermana menor y siento que debo protegerte.
––Gracias por todo, doctor. En serio, si no fuese por usted y por mi tio; yo no estaría aquí. Usted es un gran psiquiatra –– me dio una sonrisa sincera, la cual le devolví ––.
Cuando acaba la terapia, me levanto, le abro la puerta, ella se despide y se va por el largo pasillo blanco. En ese momento, bloqueando mi vista, aparece una chica de cabello castaño; suelto y ondulado en las puntas, ojos azules, un vestido negro, ajustado y corto; que a duras penas le llega a los muslos, y unos tacones también negros que la hacen lucir más alta de lo que es.
Suspiro, cansado
––Buenos días, Lauren.
ESTÁS LEYENDO
Un Psiquiatra Virgen
Dla nastolatków¿Alguna vez has conocido a un hombre que siga siendo virgen a sus veintiocho años?... ¿No? Bueno, permíteme presentarte a Derrick Blanc. Él es el médico psiquiatra más reconocido en Francia. No sólo por su ética y profesionalismo, sino por su simpat...
