–Anne, detente – corría detrás de ella por el pasillo del hospital, y vaya que tiene una buena condición física – Anne, por favor no pienses mal.
Se detuvo y volteó para mirarme.
–¿Qué no piense mal? ¿Cómo quieres que no piense mal si me voy un segundo y cuando regreso tienes a Lauren encima de ti, besándote?
–Pensé que eras tu.
–Derrick… estamos comenzando mal – se acercó a mí, y tomo mis manos –. Eres un idiota. Te quiero, pero no voy a seguir tolerando este tipo de cosas.
–Perdóname, te prometo que no va a volver a pasar. Lauren dijo que se consiguió un psiquiatra mejor y que no iba a venir en un buen tiempo.
–Espero que así sea.
–Te prometo que así será. Te quiero, Anne – la abrazo, y beso su frente.
–Awwwwww, su primera reconciliación – Adrien habla desde la puerta de su oficina – Eso fue muy cursi.
–Púdrete, idiota – le dice Anne. Adrien se hace el ofendido.
–Que grosera, Anne.
–Ya – intervine – ¿Cómo pretenden ser buenos cuñados si se la pasan peleando?
–¿Cuñados? – ambos repitieron al mismo tiempo, y Adrien se acercó a nosotros – A ver… ¿Cómo es eso?
–Si. Adrien es como mi hermano, y tú vas a ser mi futura esposa – les expliqué.
–Hubiera preferido no saber. Tus comentarios empalagan – Adrien se despide y regresa a su oficina.
–¿Te quieres ir? – le pregunto a Anne.
–Tienes que trabajar.
–Si quieres nos podemos ir. Hasta ahora no ha habido ninguna emergencia.
–¿Seguro?
–Si.
–Bueno, vámonos.
Salimos de la clínica y nos subimos a mi coche. Empecé a conducir y en el trayecto, Anne se durmió. Cuando llegué al edificio, cargué en mis brazos a Anne y la llevé a mi departamento, la acosté en mi cama y le quité los tacones.
Salí de mi habitación, y fui a ver una película en la sala. Poco después, me quedé dormido en el sofá.
…
La fuerte iluminación del sol me despertó. Mi perrita estaba durmiendo en mi pecho. Me levanté con cuidado para no despertarla y la dejé en el sofá. Camino hasta mi habitación y veo que Anne sigue durmiendo. Me acerco a ella y le doy un pequeño beso en su frente.
–Anne – la llamo – Anne, despierta.
–¿Qué quieres – me pregunta mientras se voltea, dándome la espalda.
–Despierta.
–¿Qué hora es?
–Las siete.
–Está muy temprano.
–Anne, por favor.
–Dame cinco minutos más. Solo cinco.
Suspiré
– Está bien.
Me dirigí a la cocina a preparar mi bebida mañanera: Té de tila.
Cuando ya él té estaba listo, serví un poco en una taza y me senté en un taburete de la isla a tomarlo. Han pasado más de diez minutos y aún no escucho a Anne levantarse.
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Un Psiquiatra Virgen
Jugendliteratur¿Alguna vez has conocido a un hombre que siga siendo virgen a sus veintiocho años?... ¿No? Bueno, permíteme presentarte a Derrick Blanc. Él es el médico psiquiatra más reconocido en Francia. No sólo por su ética y profesionalismo, sino por su simpat...
