19 - Segunda parte

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Amélie Volkov

--Adivina lo que te traje -- mi padre entra a mi oficina.

--¿Comida?

--No, es algo mejor.

--Dudo que haya algo mejor que la comida.

--Toma -- me entrega una revista, la reviso y me doy cuenta que es de vestidos de novia.

--Vaya, gracias.

--Las estuve revisando, creo que te gustarán.

--Quiero algo sencillo pero bonito.

--Entonces creo que el de la página ocho te gustará.

Voy hacia la página ocho y me encuentro con un vestido de novia de modelo Florian, presume de un escote palabra de honor muy sencillo, que deja los hombros descubiertos y le da todo el protagonismo a una falda con volantes verticales, de carácter escultural.

--Es perfecto.

--¿Quieres ese?

--Sí, es el que quiero.

--Entonces el vestido ya está listo. ¿En qué Iglesia te quieres casar?

--Aún no lo sé, tengo que hablarlo con Derrick.

--¿Ya tienes a la madrina?

--Padre, aún no, tengo que hablar con Derrick.

--¿Quieres que lo llame? Puedo decirle que venga.

--No, está trabajando, no quiero interrumpirlo.

--Pero necesitan hablar de la boda.

--Ya vamos a tener tiempo de hacerlo.

--Pero es en unos meses. Tienen que hacerlo cuanto antes.

--Lo sé, no te preocupes.

...

--Tenemos que hablar de la boda.

--Bien, ¿Qué pasa con la boda? -- se sienta en el sofá de su sala. Yo me quedo de pie frente a él.

--Bueno... aún no sé donde nos vamos a casar.

--En donde tú quieras, yo no conozco ningún lugar de aquí.

--¿Qué te parece si visitamos todas las Iglesias?

--Es una buena idea, puede ser el fin de semana.

--Perfecto.

--¿Te quieres quedar a dormir?

--No traje mi pijama.

--No necesitas una pijama para dormir.

--Pensé que te gustaba mi vestido de aguacate.

--Si me gusta, pero quiero que te quedes conmigo.

--¿Por qué?

--Porque ya me acostumbré a ti y no puedo dormir si no te tengo a mi lado.

Ay Dios, que hermoso hombre.

--Yo tampoco puedo dormir si no te abrazo como si fueras un oso gigante.

--Qué romántica eres -- me toma de la cintura y me sienta de cuclillas sobre él.

--Sr. Blanc, se tiene que esperar al matrimonio.

--Soy señorito.

--No eres señorito.

--Si soy señorito.

--Tienes veintiocho años.

--Sal a la calle y grítalo, anda. Que todo el mundo se entere que estoy viejo.

--No estas viejo, pero si eres un señor.

--Está bien, pero tú vas a ser la Sra. Blanc -- dijo y yo sonreí como una estúpida.

--Eso no está tan mal.

--Obvio, yo voy a ser el mejor esposo de la historia.

--Y el mejor padre.

--Eso también, ¿Vas a adoptar a Sebastián?

--Sí, ¿Tú quieres adoptarlo?

--Claro que quiero.

--¿Seguro?

--Sí, va a ser mi hijo también.

--Eres muy lindo.

--Isabelle también va a ser mi hija.

--Y todos los niños que vengan después.

--¿Aún quieres tener diez hijos?

--Quiero esperar, pero si quisiera embarazarme.

--Podemos empezar desde hoy, si quieres.

--No, tengo mucho sueño.

--¿Ya quieres dormir?

--Sí.

--Que aburrida, no aguantas nada.

--Si aguanto, pero hoy no. Mañana hay que trabajar otra vez y quiero descansar.

--¿Quieres que te cargue?

--¿Qué? ¡Derrick! -- grito cuando se levanta de golpe, camina a su habitación y me lanza sobre su cama.

--Buenas noches, preciosa.

--Qué sutil.

--Yo aún no voy a dormir, tengo que estudiar el caso de mi paciente.

--¿Me vas a dejar aquí, sola?

--Voy a estar en la sala.

--Yo quiero que estés aquí.

--Necesito estudiar, Amour.

--No te tardes mucho.

--Descansa -- me besa y sale de la habitación.

No voy a tener un oso gigante.

A menos que...

No, Amélie, no pienses en eso.

Pero...

¿Y si...?

Un Psiquiatra Virgen Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora