–– No puedo creer que me hayas dejado media hora desnuda en el baño –– dijo de mala gana mientras se colocaba mi chaqueta ––. ¡Media hora, Derrick!
–– Ay ya, tampoco es para tanto –– dije, tratando de calmarla.
–– No hubiera sido para tanto si no viviéramos en una ciudad donde las personas se congelan si no se visten después de bañarse –– soltó un largo suspiro ––. ¿Puedo saber qué fue lo que te retuvo por media hora?
–– Ah, sí, es que, cuando me dejaste solo hace un rato, yo me quería levantar, pero pisé el vómito y me resbalé y me caí. Entonces me lastimé mi trasero y me costaba mucho caminar, después encontré a una niña en el pasillo de ginecología que estaba jugando con una silla de ruedas y con su muñeca, le pregunté que si me podía prestar la silla de ruedas y me dijo que si, entonces se ofreció a traerme y yo acepté, pero primero tuvo que pedirle permiso a su mamá y su mamá le dijo que sí. Cuando llegamos aquí me preguntó que si la podía peinar, yo le dije que me gustaría pero que no sabía hacerlo, entonces ella me enseñó a hacer una trenza muy bonita y después yo se la hice a ella en su cabello y me quedó muy bonita y yo me emocioné un poco, pero después la Dra. Wilde vino a buscarla y se fue –– le expliqué rápidamente.
–– Por una niña
–– Más bien, por una silla de ruedas, porque si ella no hubiera tenido la silla de ruedas yo no la hubiera molestado.
–– Está bien, ¿Y cómo te sientes?
–– Me duele la cabeza y la cadera, así que no me siento muy bien.
––¿Te vas a quedar o vas a irte a tu departamento a descansar?
–– Me voy, necesito dormir. Ha sido un día muy horrible, a excepción de que conocí a esa niña tan adorable. ¿Quieres que te lleve a tu casa?
–– Si, por favor. Necesito ducharme bien para quitarme este olor tan desagradable de mi cuerpo.
–– Lo siento –– dije rascándome la parte trasera de mi cabeza.
–– No hay problema, pero todavía me debes una cena.
–– ¡Claro! Cuando quieras.
–– Vale.
–– ¿Ya estas lista?
–– Si, solo déjame acomodarme esto bien –– dijo mientras se ajustaba la chaqueta que le llegaba a las rodillas ––. Listo, vámonos.
[…]
Después de dejar a Anne en su casa, me dirigía a mi departamento, solo son un par de cuadras más para llegar al edificio. Por suerte, tengo un auto, porque sería horrible caminar en mi estado adolorido desde la clínica donde trabajo hasta mi departamento, ya que los taxis no son una opción en esta ciudad.
Minutos después, ya me encontraba estacionando mi auto frente al edificio. Me bajé, cerré con seguro, y caminé a la entrada. Saludé al guardia, caminé por el vestíbulo y entré en un ascensor. Presioné el botón que me llevara a mi piso y empecé a subir.
El ascensor se detuvo y se abrió. Caminé por un largo pasillo y llegué a la puerta de mi departamento, la abrí con mis llaves y entré cerrando la puerta detrás de mí. Encendí las luces del corredor y ahí estaba ella… esperándome.
–– Hola, princesa, ¿Me extrañaste? –– ella corrió hacia mí, y yo me agaché para tomarla en mis brazos ––. Yo si te extrañé mucho –– le besé su pelaje blanco y ella movía felizmente su cola ––. Eres la mejor perrita que cualquiera quisiera tener –– la bajé y caminé hacia mi habitación.
Me quité la bata de médico que tenía un poco de vómito, desabotoné mi camisa y me la quité; tirándola en el suelo, me quité los pantalones; también con un poco de vómito y quedo solo en bóxer. Caminé hacia el baño y me desnudé completamente. Me situé debajo de la ducha y el agua comenzó a caer de inmediato. Bajaba desde mi cabeza hasta mis pies; relajándome un poco. Me lavé mi cuerpo y salí de la ducha. Me coloqué una toalla alrededor de mi cintura y fui a mi closet. Tomé otro bóxer y me lo coloqué, junto con una playera negra. Sequé mi cabello y me tiré boca abajo en mi cama, quedándome dormido inmediatamente.
…
Un golpe en la puerta me despertó, me levanté a rastras, aún estaba dormido así que caminé tambaleándome hasta la puerta y sin preguntar quién era, la abrí.
–– ¡Hola! –– exclamó Anne –– Traje la cena –– dijo moviendo varias bolsas de comida en sus manos.
–– Hola –– la saludé y pasé las manos por mi cara para tratar de despertarme. –– ¡Perdón! –– usé mis manos para cubrir mi entrepierna, recordando que estaba en bóxer e ir corriendo a mi habitación. Me coloqué un pantalón de pijama negro y salí.
–– Ya deberías de estar acostumbrado –– me dijo Anne desde la cocina –– Creo que estoy destinada a verte en ropa interior.
–– Es incómodo para mí. Nunca nadie me ha visto semidesnudo. –– me senté en una silla del comedor.
–– Lo sé, pero somos amigos, no deberías de sentirte incómodo.
–– ¿Cómo te sentirías si yo te viera en ropa interior?
–– No lo sé, pero creo que no me pondría como tú. Yo confío en ti, y no me sentiría para nada incómoda.
–– ¿Sentirías inseguridad al mostrar tu cuerpo?
–– No, porque no hay nada en el que me avergüence o me haga sentir insegura –– me entregó un plato con comida china y se sentó a un lado de mi a comer.
–– Nunca deberías de sentirte avergonzada de tu cuerpo. Tanto tú, como todas las mujeres son perfectas. Sin importar el color, complexión o detalles en la piel; son los más hermoso y admirable que puede tener este planeta. –– le dije y ella asintió con una sonrisa.
–– Aún no comprendo cómo es que sigues siendo virgen. Pero espero que cuando dejes de serlo, sea con una mujer que de verdad valga la pena. No mereces a alguien que te haga sufrir.
–– Gracias…Yo espero lo mismo –– terminamos de cenar y no sentamos en el sofá de la sala a ver una película.
–– Tengo sueño –– informa la chica.
–– Todavía falta para que termine la película. Tienes que aguantar o ya sabes cuál es tu castigo.
–– Está bien.
Anne estaba a punto de quedarse dormida mientras yo sonreía victorioso. Antes de poner una película de romance que nos parece lo más aburrido del mundo, decidimos poner un castigo para el que se durmiera primero. Si yo me dormía primero, ella tenía permiso de dibujarme cualquier estupidez que se le ocurriera en mi cuerpo, y yo tenía que pasar un día entero así; Y si ella se dormía primero, tenía que lanzarse a las tres de la madrugada a la alberca del edificio.
–– No voy a perder –– dijo mientras se dejaba caer de lado en el sofá y se quedaba dormida completamente.
–– Por supuesto que no –– me levanté, y estiré las piernas de Anne en el sofá para que durmiera mejor.
Normalmente la cargo en mis brazos y la acuesto en mi cama, pero esta vez no, porque en unas horas la voy a despertar para que cumpla su castigo.
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Un Psiquiatra Virgen
Genç Kurgu¿Alguna vez has conocido a un hombre que siga siendo virgen a sus veintiocho años?... ¿No? Bueno, permíteme presentarte a Derrick Blanc. Él es el médico psiquiatra más reconocido en Francia. No sólo por su ética y profesionalismo, sino por su simpat...
