Caminaba cojeando por los pasillos, con una mano en mi cadera izquierda. Aún me dolía la cabeza, y para completar mi desgracia... me dolía el trasero y la espalda después de caerme ridículamente sobre mi propio vómito. Aún faltaban muchos pasillos que recorrer para llegar a mi oficina, ya que me encontraba en el área de cuidados médicos y mi oficina estaba en el área de consultas psiquiátricas - muy lejos, por cierto -. Mientras caminaba varios colegas me miraron extrañados; y otros me ofrecieron ayuda, pero no la acepté, aunque en estos momentos me arrepiento totalmente de ello.
Cuando crucé en el pasillo de ginecología, vi a una niña de risos dorados jugar con una silla de ruedas. Me acerqué a una distancia apropiada, y me detuve a observarla; estaba jugando, había una muñeca sentada en la silla de ruedas, y ella solo la paseaba por el área mientras le cantaba, y así permaneció hasta que notó mi presencia.
–– Hola, pequeña. ¿Qué haces aquí? –– le pregunté mientras me acercaba cojeando hacia ella.
–– Estoy esperando a mi mamá –– respondió mientras me observaba.
–– ¿Cuántos años tienes?
–– Seis.
–– Yo tengo veintiocho.
Después de unos segundos de silencio ella habló.
–– Me llamo Isabelle James –– extendió su diminuta mano hacia mí en un gesto de saludo, la tomé y me presenté.
–– Yo me llamo Derrick Blanc. Mucho gusto, Isabelle.
Caminé hacia una de las sillas de la sala de espera y me senté haciendo una mueca de dolor.
–– ¿Te duele? –– preguntó Isabelle.
–– Si, me duele mucho, y todavía me quedan pasillos por caminar para llegar a mi oficina.
–– ¿Qué te pasó?
–– Me caí dos veces hoy en menos de una hora. La primera; me golpeé muy fuerte en la cabeza, y la segunda; me caí sentado y me golpeé la cadera.
–– ¿Te puedo ayudar?
–– No lo sé –– pensé en algo en lo que la pequeña me pudiera ayudar, pero no se me ocurrió nada. Hasta que... ––¿De quién es esa silla de ruedas?
–– No lo sé, me la encontré aquí.
–– Entonces... ¿no es de tu mamá?
–– No –– negó varias veces con la cabeza, haciéndome sonreír. Se ve tan adorable.
–– ¿Me la puedes prestar?
–– Si, ¿Quieres que te lleve? –– me propuso, un poco emocionada.
–– Me encantaría, pero primero tienes que pedirle permiso a tu mamá.
–– Ya vengo –– dijo, y caminó hasta la oficina de la ginecóloga Rebeca Wilde, tocó la puerta y entró.
Pasaron un par de minutos, y volvió a salir.
–– Si me dió permiso, la doctora me dijo que me puedo quedar en tu oficina a esperar que mi mamá y ella vayan a buscarme.
–– Excelente, entonces ayúdame a traer la silla de ruedas –– obedeció y yo me senté.
–– Pero tienes que llevar a mi muñeca -- me entregó la muñeca y yo la senté en mis piernas.
–– ¿Segura que puedes conmigo?
–– Si –– dijo decidida y empezó a rodar la silla por los pasillos mientras yo la guiaba.
–– Si te cansas, me avisas.
–– Está bien, pero yo soy muy fuerte.
–– No lo dudo.
Después de rodar por unos largos y blancos pasillos... ¡Por fin llegamos!
–– Es aquí –– le señalé la puerta de la oficina y ella se detuvo. Me levanté y abrí la puerta ––. Adelante, bienvenida a mi oficina –– ella entró, dejando la silla de ruedas afuera.
–– Gracias, tu oficina es muy bonita.
–– Gracias, ¿Y qué quieres hacer mientras tu mami viene por ti?
–– Me puedes peinar
–– Me gustaría peinarte, pero no sé cómo hacerlo.
–– Yo te enseño, es muy fácil –– se sentó en el sofá junto a la puerta, y me hizo una seña con las manos para que me sentara a su lado, a lo que obedecí.
–– Mira, yo voy a peinar a mi muñeca, y te voy a explicar cómo hacerlo para que después tú me peines –– dijo y yo asentí –– Primero; tenemos que dividir el cabello en tres partes. Cuando ya tenemos el cabello dividido en tres partes; agarramos la de la derecha y la pasamos por debajo de la del centro, y después la del lado izquierdo la pasamos por debajo de la del medio, y es como un patrón. Entonces vuelves y pasas la de la derecha por debajo de la del medio y vuelves a hacer lo mismo con el lado izquierdo, siempre la pasamos por debajo. Y vas haciendo lo mismo hasta llegar a la punta de tu cabello. ¿Entendiste?
–– Creo que sí.
–– ¿Entonces ya me puedes peinar?
–– Sí.
Isabelle se volteó dejando su larga cabellera a mi vista. Empecé desenredando un poco su cabello con mis dedos y luego lo dividí en tres partes como ella dijo. Luego, tomé el mechón izquierdo y lo pasé por debajo del mechón del medio; después, tomé el mechón derecho y lo pasé por debajo del mechón del medio, y continué la secuencia hasta llegar a la punta del cabello de la pequeña. Honestamente, me sorprendí con el resultado. Quedó muy bonita la trenza.
–– Ya terminé, ¿Ahora qué hago?
–– Amarra la punta con esto, para que no se suelte –– me extendió una cinta de color rojo, la tomé e hice un lazo en la punta de su cabello.
–– Listo –– avisé
–– Gracias por peinarme.
–– Gracias a ti, por enseñarme a peinarte.
En ese momento alguien toca la puerta, y me levanto a abrirla.
–– Buenos días, doctor. ¿Isabelle esta con usted? –– pregunta la Dra. Wilde.
–– Si, un momento –– le hago una seña a Isabelle para que se acerque.
–– Vámonos, pequeña. Tu mami te está esperando en la salida –– le dice a la niña ofreciéndole su mano, ella la toma y se despide.
–– Hasta luego, doctor y gracias por peinarme –– se despidió con su mano libre.
–– Hasta luego, pequeña. Si vienes otra vez, ya sabes dónde queda mi oficina –– ella asintió y se alejó con la doctora.
Entro a mi oficina nuevamente, y con dificultad, camino hacia la silla de mi escritorio y me siento. Mi celular suena con una notificación y lo reviso; es un mensaje.
Anne:
¿En dónde estás? Llevo media hora esperándote en el baño. Me estoy congelando.
<< Uy>>.
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Un Psiquiatra Virgen
Ficção Adolescente¿Alguna vez has conocido a un hombre que siga siendo virgen a sus veintiocho años?... ¿No? Bueno, permíteme presentarte a Derrick Blanc. Él es el médico psiquiatra más reconocido en Francia. No sólo por su ética y profesionalismo, sino por su simpat...
