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Habían pasado tres meses desde mi segunda reconciliación con Anne. Nuestra relación había mejorado muchísimo. Anne se mudó completamente a mi departamento, tuvimos otra pequeña discusión porque se había apoderado de mas de la mitad del espacio de mi closet, pero enseguida le pedí disculpas y la dejé poner toda – y vaya que toda – su ropa en mi closet. No me quedó mucho espacio, pero al menos ella estaba feliz.

Adrien por fin me había presentado a su chica ideal. Era un poco más baja que él, con el cabello negro, piel morena y los ojos café claro. Era muy simpática, la verdad si me agradó mucho. Espero que Adrien no la deje ir. Se ve que es una buena chica, y que lo quiere.

Princesa había engordado un poco, ya que la comencé a alimentar mejor, y ahora que Anne vive conmigo, es más fácil cuidarla.

Anne y yo seguimos visitando la tumba de mi madre y la de Romina – la tumba abandonada que encontramos – Descubrimos con uno de los vecinos del cementerio que esa tumba no estaba abandonada. La madre de la pequeña, decidió ocultarla para que nadie mas que ella la viera.

Una de mis pacientes, Carla Morel, había mejorado muchísimo. Hasta subió un poco de peso, y se le veía más feliz que antes. Yo honestamente me alegré mucho por ella, estaba recuperándose muy rápido. Me comentó que sus padres ya no viajaban tanto y que habían mejorado su relación con ella.

Me encontraba en la sala de espera del aeropuerto junto con Anne. Íbamos a ir a Lyon a visitar la tumba de mi hermana, mañana es su cumpleaños. Mi madre decidió enterrarla ahí, porque esa era la ciudad favorita de Angelique.

Estuvimos esperando un rato, hasta que anunciaron nuestro vuelo y nos formamos en la fila para entrar. Anne iba delante de mí. Cuando subimos al avión, nos dimos cuenta que nos habían tocado asientos separados, lo único bueno, es que Anne estaba en el asiento detrás de mí. Me tocó sentarme con una señora mayor que me contaba algunas anécdotas de sus hijos y de sus nietos, mientras ella me hablaba yo solo me limitaba a sonreír y asentir con la cabeza educadamente; por otro lado, Anne le tocó sentarse con una mujer que tenía una bebé de aproximadamente cinco meses en los brazos.

El avión despegó y me acomodé en mi asiento para seguir escuchado a la señora a mi lado.

Cuando aterrizamos, bajamos del avión con nuestras maletas y tomamos un taxi hasta el hotel en el que había reservado días atrás.

Nos detuvimos en la recepción y nos atendió un hombre mayor, muy amable. Me entregó las llaves de la habitación, y subimos al segundo piso a buscar la habitación 12ª. Entramos y encendí las luces. Anne se dedicó a observar todo mientras yo acomodaba las maletas.

–Futuro padre de mis diez hijos – me llamo –, ¿Puedes venir?

–Un segundo – dejé la maleta de Anne en su habitación y fui a donde su voz me llevó… mi habitación. Estaba sentada en mi cama, y me sonreía inocentemente – ¿Qué pasa? – me quité los zapatos y me senté en la orilla de la cama.

–¿Dónde dejaste mi maleta?

–En tu habitación.

–Quiero que la traigas aquí.

–¿Quieres dormir conmigo? – le pregunte con una sonrisa, y ella asintió –. Bueno, ya la traigo – intentes levantarme, pero Anne me tomo del brazo y me detuve –. ¿Qué?

–Eres el hombre más bueno y hermoso que he conocido.

–Todo es gracias a mi madre. Ella me crio así.

–Te quiero.

–Yo también te quiero.

Un golpe en la puerta nos interrumpió.

Anne y yo nos miramos confundidos.

–¿Esperas a alguien – me preguntó.

–No, ¿Y tú?

–No.

Me levanté y caminé hasta la puerta.

–¿Quién es – pregunté.

–Servicio de limpieza, señor – respondió un chico.

Abrí un poco la puerta y lo miré.

–Acabamos de llegar, no hemos ensuciado nada.

–Seguro que sí, pero es mi deber limpiar así usted no haya ensuciado nada – dijo.

Me pareció que estaba emocionado. Creo que le gusta su trabajo: interrumpir a las personas.

–En serio no hace falta.

–Si, si hace falta. Así usted podrá disfrutar de un ambiente limpio.

–Todo está limpio – insistí.

–De un ambiente aún más limpio.

–¿Cómo te llamas?

–Me llamo Carlos, señor.

–Bien, Carlos. Te voy a dar cinco segundos para que te vayas antes de que te encierre en esta habitación y te rompa la cara a golpes, así vas a tener algo que limpiar, Tu sangre – me miró perplejo.

–Está bien, no se preocupe. En todo caso, si le preguntan si hice mi trabajo, por favor dígales que sí.

–Claro.

–Adiós.

–Hasta luego, y más te vale que no te aparezcas por aquí, a menos de que yo personalmente te llame.

–Por supuesto, señor – dijo, y se fué empujando el carrito de limpieza casi corriendo.

Cerré la puerta, y me reí por lo que acaba de pasar.

Es la primera vez que amenazo a alguien, y lo peor fue que se lo creyó. Jamás seria capaz de hacerle daño a alguien.

–Que malo eres – me dijo Anne, cuando llegué a la habitación –. Y pensar que hace un rato te dije que eras el hombre más bueno que he conocido.

–No lo iba a golpear, solo quería que se fuera.

–Lo sé.

Me acosté encima de Anne, y descansé mi cabeza en su pecho. Hasta ahora vengo a darme cuenta de lo mucho que me gusta hacer eso.

Minutos después nos quedamos dormidos.

Había sido un día muy pesado.

Un Psiquiatra Virgen Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora