|36| En manos enemigas

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Siéndole fiel al plan que cuidadosamente ideó durante la noche, Lady Beckett se ha levantado hoy tan temprano como ha podido.

Lo hace mucho antes de que su tío Landon se despierte para dirigirse a la City, y por lo tanto, tampoco espera el desayuno. Realmente no lo ha hecho por temor a ser descubierta por él, pues lo cierto es que podría justificar su salida de la casa con la excusa de que va a esperar a sus padres en su residencia en Mayfair.

Más bien, si ha decidido ejecutar su plan lo antes posible, es porque así se asegurará de que Derek esté en su habitación para cuando llegue. Ella sabe que el yanqui tiene responsabilidades respecto al equipamiento de la oficina que establecerá en el puerto, y por esto quiere interceptarlo antes de que quizás él abandone la posada para dedicarse a sus cosas, porque entonces ya no sabrá en que otro lugar encontrarlo

. Pero a horas tan tempranas como estas, sin dudas Derek aún debe estar durmiendo.

El plan es muy sencillo. Escabullirse de South Kensington y recurrir a un cochero para montarse en un landó que la transporte hasta Picadilly. Tiene la suerte de conocer exactamente la ubicación del hotel donde el hombre se hospeda, desde aquel día del picnic.

Aún más suerte tiene de haber prestado sus impertinentes oídos a escuchar las conversaciones de los hermanos Evanson cuando estaban en casa de su tía, pues recuerda que el pillo de Ryder en algún momento comentó el número de la habitación donde los tres hombres dormían. Y aunque sus hermanos ya no están en Londres, Cheryl supone que Derek sigue estando ahora solo en la misma habitación.

Es por esto que en cuanto llega al hotel, la muchacha no vacila en conducirse hacia la tercera plataforma, donde habría de encontrarse el cuarto 22.

Tal era la poca seguridad de este lugar que la dependienta de la recepción ni siquiera se inmutó cuando la vio dirigirse como si nada hacia las escaleras, seguramente dando por sentado que se trata de una huésped más tomada en otro turno. La cuestión es que Cheryl no encuentra ninguna traba que le impida llegar hasta el pasillo correspondiente.

Pronto se estaciona frente a la puerta del cuarto 22 y alarga su mano para tocar sobre la madera. No obteniendo una inmediata respuesta la joven se propone un segundo toque, el cual es interrumpido por el acercamiento de alguien hacia ella.

—¿A quién está usted buscando, señorita?

Cheryl maldice para sus adentros. Al final sí resultará que el hotel tiene seguridad. Sin embargo, al girarse para encarar a la persona que la ha atajado, se da cuenta de los peculiares rasgos asiáticos del esbelto hombrecillo que además va vestido con una túnica. Está claro que no es ningún inglés, pues resalta su identidad como extranjero oriental. Ha de ser, más bien, un vecino de pasillo de Derek.

—Oh, buenos días, señor, ¿sabe usted si el inquilino de esta habitación se encuentra presente? —Lady Beckett le sonríe con cortesía.

—¿Se refiere al señor Evanson?

Ella asiente sin borrar su sonrisa, a pesar del rostro impasible del hombrecillo, quien no le da ninguna respuesta y más bien alarga su propia mano y da cuatro golpecitos justos a la puerta.

Lady Beckett se contenta cuando siente la puerta desplazarse enseguida de un tirón, pero la ilusión se le espanta cuando quien se aparece enfrente es otro hombrecillo esbelto con rasgos similares al que está detrás de ella, quien no titubea en enseguida empujarla hacia dentro

Contra todo pronóstico y sin darle chance para anticipar nada, de pronto la joven se encuentra en el interior del aposento, con una de las manos del segundo hombrecillo puesta sobre su boca, enmudeciéndola. El de atrás vuelve a empujarla una vez más para que avance unos cuantos pasos hacia adelante.

Lady BeckettHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora