|6| Los yanquis

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Hoy Lady Beckett ha tenido que lidiar con una ajetreada mañana que le ha impedido complacer su pretensión de visitar South Kensington desde que el sol se pusiese, como ya lo había previsto. 

Y es que a pesar de que no tener verdaderas responsabilidades como su hermana Rosslyn—que desde hace unos meses se ha venido dedicando profesionalmente al modismo y presta servicios exclusivos en crear y confeccionar diseños para vestir un buen porcentaje de señoritas de la élite—o que su prima Freya—que con frecuencia es solicitada por su arte con el interiorismo para encargarse del decorado de ciertos recintos—, igual Cheryl ha estado aprendiendo con su padre el oficio de la contaduría y la destreza en los negocios.

Es por ello que ya tiene una buena temporada acudiendo junto al marqués a sus oficinas de La City y alimentándose de sus enseñanzas. Y en tan poco tiempo ha logrado adquirir los conocimientos más esenciales que éste incluso le deja asistirle con ayuda en algunas situaciones. Muchas veces suele delegarle la realización de ciertos balances, estados financieros y auditorías. Y otras veces incluso le pone a prueba enviándola a concretar alianzas con algunos clientes potenciales, cosa que Cheryl hasta el momento ha conseguido exitosamente. Nadie ha podido resistirse ante el carisma y la persuasión de la joven.

En esta ocasión, apenas se ha despertado cuando su padre le encomendó encargarse personalmente de algunas importantes transacciones en La City. Así que, en cuanto desayunó, enseguida pidió a un cochero que la llevase directamente hacia el Road Bank y poco después al edificio departamental del marqués para hacerle entregas de los comprobantes.

No hubo puesto un pie de regreso a casa cuando Lady Agnes la interceptó y suplicó su compañía para recorrer algunas tiendas de Oxford Street. Entonces volvió a montarse en un landó, esta vez con su madre, y gastó dos horas paseándose entre boutiques, floristerías, perfumerías y exclusivas bisuterías. ¡Y vaya cotilleos jugosos de los que se enteró oyendo impertinentemente algunas conversaciones y los cuales ya ansiaba ir a divulgárselos a su tía Eve!

Pero al llegar otra vez a casa tuvo que darse a la tarea de atender los nuevos detalles de cortejo que habían osado en enviarles tempranamente.

Ella no hubiese tomado la iniciativa de hacerlo si su madre no le hubiera sermoneado sobre la poca cortesía que significa no darles una pronta respuesta o agradecimiento a los hombres que se toman la presteza de cortejarla. "Has tenido un gran impacto en casa de los Halmiton, cariño. No solo has conquistado por tu belleza, sino también por la gracia que demostraste poseer. Te has visto encantadora allí y a todos le has parecido una jovencita muy afable. No queremos que ahora se rumoree la falsa premisa de que seas una atipática sin modales" le ha dicho su madre, motivándole.

Así que esta vez, en vez de encomendarle el asunto a su doncella Isa, ella misma se ha tomado la molestia de replicar las cinco cartas que ha recibido.

Dos de ellas han sido nuevas invitaciones—una para ir de picnic al St'James Park con un tal Lord Spencer y otra a cabalgar por la campiña con un tal Lord Wallys—y las otras tres, gracias al cielo, solo han sido unos meticulosos escritos elogiándola y deseándola ver pronto en las próximas veladas por celebrar. La cuestión es que se demoró un buen rato sospesando y escribiendo buenas excusas para declinar ambas invitaciones sin, como dijo su madre, parecer una antipática. Y, por otro lado, también para contestar a los elogios de una forma que fuese amable pero no diese falsas esperanzas de interés a sus remitentes.

Al final resolvió con exponerle al joven conde y al hijo del marqués—pues había leído la referencia de sus títulos en las cartas—que debía ocuparse diligentemente de algunos asuntos familiares pero que ya luego les concedería tiempo. Sin embargo, ya era poco más del mediodía cuando se libró de sus compromisos y no tuvo más alternativa que almorzar en su propia casa antes de pedirle al cochero que esta vez la llevase a la tercera residencia Beckett en South Kensington.

Lady BeckettHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora