Derek ha acertado al pensar que Masayoshi no se fiaría de él y le impondría al menos dos de sus esbirros como escoltas. No le ha sorprendido notar que, en cambio, ha dispuesto a cuatro de esos fatales japoneses, a los más diestros, para asegurarse de que no hiciese ninguna jugarreta y se limitase a ir y regresar con el anillo.
Tampoco le ha faltado perspicacia al adivinar que solo le permitirían salir al anochecer, cuando el trajín del puerto hubiese amainado y el cielo cayese en penumbra.
Es por ello que, aun habiendo anclado el barco poco después del mediodía, debieron esperar a que el gentío habitual de la zona se dispersase y la mayoría de los trabajadores y marineros abandonasen el perímetro, yendo a conglomerarse dentro de las tabernas que recrean el famoso ambiente nocturno portuario. El puerto nunca suele amanecer desolado, tomando en cuenta que muchos mercaderes aprovechan las madrugadas para desmontar o cargar sus mercancías y algunos pescadores para echar sus redes.
Pero al menos los pocos ambulantes estarían tan inmersos en sus tareas y cegados por la oscuridad como para que advirtiesen la presencia de Derek.
Los hermanos Evanson son los patrones del puerto. La mayoría de las familias y pueblerinos dependen de la Excelsior. Su naviera tiene el mayor número de barcos que ocupan estas costas y que representan la principal fuente exportadora e importadora de productos agrícolas, pieles, telas y joyerías. Más que simple capitanes, son los más destacados empresarios de comercio de la región.
Y el mero hecho de haber nacido y crecido en la zona es suficiente para que no haya quien no reconozca ni sepa identificar a Brandon, Ryder o Derek Evanson. E incluso a Evelyn, aunque tenga ya varios años sin vérsele la cara después de haberse casado con ese aristocrático inglés.
De ahí la exigencia del emperador de ser sigiloso y e ingeniárselas para pasar desadvertido a no ser que la muchacha tuviese que ser espectadora de cómo uno de sus hombres no dudaría en incrustarle el filo de un sable entre las costillas si llegase a considerarlo necesario. Un severo comentario que hizo palidecer a Lady Beckett cuando no titubeó en emitirlo delante de ella.
Masayoshi se dignó a salir de su lujoso aposento para encargarse personalmente de la salida de ellos y recordarle lacónicamente al yanqui que del cumplimiento de su palabra dependían las dos vidas.
Por suerte, no hizo ninguna mención al cambio de negociaciones entre ambos cuando permitió que la joven se preparase para acompañarlo, dando por sentado que Derek sabía que la única razón de liberarla directamente era porque él había prometido volver no solamente con el anillo, sino también con la disposición de regresar juntos a Londres para poner su Pola en sus manos.
En cuanto el emperador creyó conveniente, hizo que sus esbirros los llevasen fuera del barco.
La orden era muy precisa: debían seguir muy de cerca al americano mientras este se condujese hacia donde fuera a recuperar el anillo. Lo dejarían ir delante en todo momento mientras ellos caminarían unos metros detrás suyos. Eso sí, con la muchacha con ellos y no con él. Únicamente la soltarían cuando viesen por sí mismos la prenda y luego la disposición del yanqui a regresar escoltado al barco.
La única razón por la que Derek no objetó sobre esta medida es porque entre los esbirros estaba Kioshi, quizás el más benevolente de todos, y ha tenido el pálpito de confiar en él y que las cosas fluyesen tal cual lo esperaba. A fin de cuentas, el enano ha sido condescendiente con ellos a pesar de ser los rehenes de su amo mano bajo su vigilancia. Puede que haya sido incluso amistoso durante toda la travesía. Está claro que es miembro leal del séquito del emperador, pero se le nota que es buen sujeto.
Es por ello que Derek no se ha opuesto a ir delante en el recorrido mientras la muchacha ha venido detrás siendo cercada por los japoneses.
Aunque ha creído tener todo bajo control, no evita que le corroa la tensión ante la incertidumbre de que las cosas no salgan como él las espera, al menos en cuestión de salvaguardar la vida de Lady Cheryl, pues bien sabe que en lo que concierne a su propia cabeza, ha estado y seguirá estado bajo la guillotina de todas maneras.
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Lady Beckett
Roman d'amourLady Beckett es una pícara jovencita aristocrática que ha agitado un avispero. No hay ojos que no estén puestos en esa nueva joya que forma parte de una de las dinastías más importantes y controversiales de la nobleza del Reino. Recientemente presen...
