—¿Por cuánto tiempo tendremos que ver a los yanquis por aquí?—Le pregunta Gerald a su hermano, sin prevenir esbozar una muesca de digusto.
Como por costumbre de todas las mañanas, Gerald ha pasado a visitar a Landon en su residencia de South Kensington antes de dirigirse a atender sus negocios en la City.
La fresca brisa matinal se cuela cálidamente por la pequeña claraboya del techo mientras el enorme ventanal de cristal que sustituye una de las paredes laterales les concede una espléndida panorámica del jardín trasero mientras ambos Beckett ocupan sillones en el vestíbulo de la soberbia mansión del conde.
Landon enseguida se aprieta la sien con los dedos, como si la mera alusión a la visita de sus cuñados le hubiese provocado un instantáneo dolor de cabeza.
—No lo sé y tampoco tengo interés de saberlo, hombre. Aún no han llegado y ya tengo los nervios alterados—Dice, dándose un trago de la copa que sujeta con una de sus manos y luego relamiéndose los labios para desgustar el sabor de la ginebra.
-Supongo que estarán aquí para el nacimiento de la criatura y luego se quedarán algundos días más. Una semana a lo sumo ¿no?
-Muérdete la lengua, copón. Tres días máximos son los que estoy dispuesto a mantener mi temperamento aplacado mientras esté viéndole la cara de mandril a Derek Evanson.
Gerald se sonríe, dispuesto a también terminarse el resto de su copa regocijándose con el tormento de su hermano, por lo que continúa azuzándolo:
-Supongo, además, que tus cuñados se alojarán con vosotros ahora que teneis casa propia. La primera vez fue Elton quien les doy acogida. Ahora pueden quedarse aquí.
-¡No me desees tanto mal, por Dios! Mucho tendré con permitirles poner un pie más alla de ese umbral. No creo tener el temple para cruzarme cada dos por tres con algún Evanson por los pasillos.
-Oh, vamos, admitamos que realmente no son tan destetables como los queremos ver- Le provoca Gerald- Al menos nuestro querido Elton se llevó más o menos bien con el tal Brandom. Y lo cierto es que Oliver y Preston hicieron muy buenas migas con el menor de ellos.
-¿Hubo alguien que se llevase bien con Derek?-Ataca Landon.
-No estoy seguro de ello-El marqués ríe ligeramente.
-No es más que un bribón antipático que no tiene gracia, eso es. Y sus hermanos no distan mucho de ser como él por más hipócritas que se muestren.
-Les guardas rencilla, Landon. Esa es la verdad. Después de toda vuestra enmarañada confrontación en alta mar cuado aún eras un despreciable pirata, todavía eres incapaz de olvidar la paliza que te dieron los Evanson cuando llegaron a pensar que habías secuestrado a su querida hermanita. Igual ya deberías haberlos perdonado ¿no? Al menos te permitieron lo que tanto querías: casarte con Evelyn.
Sí, definitivamente si se necesitase buscar una palabra precisa para definir toda la historia que años atrás desencadenó en que Landon conociese a su esposa y a sus cuñados, esa sería "enmarañada". No cabría dudas de que se trata de un relato con muchos hilos por donde tirar y que podría resultar una trama digna de una ídilica novela protagonizada por una joven americana fingiendo ser nada más y nada menos que un joven muchacho grumete para poder abordar el barco de un temerario pirata inglés.
¡Vaya drama tan cómico resultó ser aquella fechoría! Tan sólo basta oír la manera en que la propia Lady Evelyn suele contar sus anécdotas para corroborarlo. ¡Los momentos en que Landon ya había descubierto que no era un chico sino una chica y aún así se deleitaba haciéndola pasar un calvario dentro de su camarote!
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Lady Beckett
RomanceLady Beckett es una pícara jovencita aristocrática que ha agitado un avispero. No hay ojos que no estén puestos en esa nueva joya que forma parte de una de las dinastías más importantes y controversiales de la nobleza del Reino. Recientemente presen...
