|59| Un yanqui agobiado

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Conste que la espera fue intencional para torturarlas un poquito🤣❤️ Pero para compensar, aquí les dejo 2 capítulos consecutivos como regalito 🫶🏻

Lady Agnes, quien ayudaba en la cocina a pelar las verduras para la cena con el afán de airearse la cabeza, ha apuñalado un calabacín ante el respingo provocado por el grito de una de sus doncellas desde el vestíbulo cuando, habiéndose precipitado...

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Lady Agnes, quien ayudaba en la cocina a pelar las verduras para la cena con el afán de airearse la cabeza, ha apuñalado un calabacín ante el respingo provocado por el grito de una de sus doncellas desde el vestíbulo cuando, habiéndose precipitado hacia la puerta al oírla timbrar, no ha evitado anunciar a todo pulmón la llegada de su hija.

Corriendo a comprobarlo y vislumbrándola adentrándose al salón, Lady Agnes ha despachado todo el plomo de sus hombros y se le ha desarrugado el corazón en cuanto ha llegado a su encuentro y la ha envuelto entre sus brazos.

Pese al la pesadez que ha estado embargado a la pobre muchacha, el emotivo abrazo de su madre la ha reconfortado e incluso se ha animado a sonreírle y tranquilizarla cuando esta ha comenzado a sollozar farfullando sobre todos los malos pensamientos que había estado tejiendo y el desespero con el que había consumado sus días en espera de ella y de su padre.

Haber mencionado a su esposo fue lo que la hizo advertir  del gran detalle que le había pasado desapercibido.

hAnte la emoción de finalmente ver a su chiquilla y entender que todo ha salido bien, no ha recaído en que ha llegado a solas y sin rastros de Lord Gerald.

—¿Y tu padre, hija mía? —Le ha preguntado mientras , con las manos puestas en su cara, se daba cuenta de lo terriblemente pálida que ha vuelto, casi enfermiza, entreviendo además ese aire taciturno en sus ojos.

No ha parecido perder peso en lo absoluto, no llegado tan escuálida como habría esperado, ni tampoco ha contemplado ninguna señal de herida o violencia a la vista. Pero por alguna razón se ha alarmado al notar en ella cierto aspecto achacoso.

Aún más se ha alarmado al ver cómo la sonrisa se le desdibujaba, la alegría no durándole mucho, y cómo en cambio su expresión se compungía al tiempo en que la voz se le volvía áspera al responder:

—No quiero saber de ese hombre—Ha espetado, desconcertándola— Y si me disculpas, mamá, no te imaginas cuánto me apetece llegar a mi recámara y descansar. Quédate quieta, que ya estoy en casa y al menos he llegado viva.

Al intentar escabullirse de su agarre con ansias de ascender la escalinata para echarse sobre su cama y de alguna manera intentar canalizar el torbellino de desagradables sensaciones que hierven en ella, de pronto se ha tambaleado al caminar, agravando la preocupación de su madre cuando ha tenido que tomarla por los hombres para evitar que se cayese.

—Solo estoy mareada por la travesía—Se ha adelantado al posible drama de su madre— Acostarme me vendrá bien. Y no te preocupes, tu marido no tardará en llegar y ponerte al tanto de cada detalle. Y para cuando la bomba explote, yo necesitaré energías.

Sin dejarle replicar nada y empujándose a sí misma, Lady Beckett se ha dirigido aceleradamente a su recámara y desparramado sobre su colchón, comprobando que ni siquiera el alivio de sentirse en casa ha conseguido aligerar su pesar.

Lady BeckettHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora