Transcurren dos exasperantes semanas para Lady Beckett.
Siendo ella una jovencita aristocrática, acostumbrada a los ambientes elitistas y a sus respectivos privilegios y comodidades, a vivir bajo el techo escayolado de una señorial mansión y a sentirse asistida en todo tiempo por doncellas, ahora súbitamente viéndose obligada a adaptarse al rudimentario modo de vida propio de una tripulación de un barco como este, en donde unos violentos orientales la conducen a fuerza de voluntad hacia nada más y nada menos que otro hemisferio.
Tratada como una rehén, bajo la potestad de un verdugo japonés, cautiva en un polvoriento camarote de diminutas proporciones, alimentada con insulsas comidas asiáticas y sin más lujos que el hecho de contar con un cómico enano de sirviente. Quien, en realidad, no es más que un esbirro vigilante en caso de querer perpetrar alguna artimaña escapatoria.
Já. Como si tuviera alguna opción de huida encontrándose ya embozados por kilómetros y kilómetros de aguas por cada punto cardinal.
Lady Cheryl ansiaba experimentar una travesía por mar, y aún más ganas tenía de conocer América. Pero sus fantasías se aíslan rotundamente de la realidad que está viviendo justo ahora.
Pues sin dudas este imprevisto viaje no se trata de su ida de luna de miel con el Evanson como su esposo hacia alguna isla caribeña, como ya lo había idealizado en su cabecilla. Nada puede distársele más, teniendo en cuenta que, aunque el hombre se encuentra también a bordo, apenas repara en la existencia de ella estando igualmente prisionero justo al otro lado.
La situación, por lo tanto, se le ha antojado altamente deprimente. Cada día amargándose al sentir la desilusión en todos sus grados, la decepción arañándole el pecho y las garras del desengaño arrancándole pedazos. Por momentos se ha preguntado si no estaría siendo muy melodramática al respecto de sus propios sentimientos, pero luego ha recordado a su tía Lorraine. "Aguijones", tal cual, le había oído decir que así se sentía el sufrir por un hombre. Y es lo que ha estado sintiendo: diarios y punzantes aguijones.
A la par de estos padecimientos propios de tener el corazón blandito, también se ha mantenido latente el temor de no saber cómo se resolverá este lío, viéndose cada día avanzando más hacia el lugar de destino.
La primera semana lloró casi todas las noches. Pero lo hizo en silencio, no queriendo dejarle oír su vulnerabilidad al fulano vecino. Apenas comía y su humor era terrible. A mitad de la segunda semana, sin embargo, se ha venido aplacado y amoldándose mejor.
Supone que los Beckett poseen una vena resiliente a la que ha debido recurrir por puro instinto de supervivencia, o bien supone que se trata de su propia intrépida personalidad que es incapaz de verse constantemente en apagón.
En un forzado acto de madurez, ha decidido interponer el optimismo ante todo para no enfermarse.
Es por ello que ha tenido que empezar a entablar triviales charlas con el enano, que hasta cierto punto es muy carismático, y hasta retozar con él para poder sobrellevar el tedio del tiempo y no volverse loca. Incluso ha osado en pedirle libros para pasar el rato, a lo que éste le ha consentido trayéndole algunos cuentos asiáticos traducidos al inglés que casualmente uno de los otros esbirros japoneses carga consigo. Además, ha aceptado complacida las permisiones de dejarla salir a cubierta al menos tres veces por semana.
Durante todo este tiempo Derek ha mantenido su postura distante y esquiva, no queriendo verla ni hablarle.
Tan solo dando por sentado que está viva y en buen estado porque oye cuando Kioshi pasa a dejarle sus raciones de comida durante el día. También la oye a veces jugar a las cartas y al ajedrez con él. Y quejarse de los mosquitos y la oscuridad. Y leer los libros en voz alta.
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Lady Beckett
RomanceLady Beckett es una pícara jovencita aristocrática que ha agitado un avispero. No hay ojos que no estén puestos en esa nueva joya que forma parte de una de las dinastías más importantes y controversiales de la nobleza del Reino. Recientemente presen...
