A duras penas Derek ha logrado convencer a Landon Beckett de que ciertamente no hay otra alternativa más que seguirle el hilo al emperador.
El conde no evitó protestar, negándose rotundamente, e incluso se ensañó contra el japonés y quiso atentar contra él, pero enseguida su intención fue sofocada por sus hábiles secuaces que se la ingeniaron para sacarlo de la cabina. Una vez cerrada la puerta, el emperador se negó a negociar de ninguna otra forma posible.
Pese a que la situación sin lugar a dudas lo ha perturbado, Derek no perdió el tiempo en negativas y se resignó a obedecer las directrices del japonés para lograr ponerle fin al asunto de una vez por todas. Y aunque le costó apalabrar a su cuñado de una y mil maneras, finalmente consiguió aplacarlo y convencerlo de que todo saldría bien.
Lo persuadió de regresar a South Kensington con el juramente de que se encargaría de proteger a Lady Beckett y de cumplir cuanto antes el trato al llegar a América. Sabía, sin embargo, que en cuanto el conde le informara de lo sucedido al padre de la muchacha, este claramente no se tomaría el asunto tan a la ligera ni consentiría semejante barbaridad. Intentará detenerlos, sí, pero para cuando quiera hacerlo probablemente el barco de Masayoshi ya esté mar adentro.
Pues los japoneses le ha comunicado a Derek, antes de ser arrastrado hacia su lugar de apresamiento, que estarían zarpando en pocas horas tan pronto como desmontasen algunas mercancías y proveyeran sus almacenes del suministro necesario para el trayecto hacia América.
Era media madrugada cuando Landon se transportó con su cochero desde la marginada zona del puerto de regreso hacia su residencia en South Kensington. Pese a las horas, el ambiente cargado de pánico y de tensión había imposibilitado que ninguno de los integrantes allí reunidos claudicasen al sueño. Tan preocupados como estaban a causa de Cheryl, nadie fue capaz de irse a su propia residencia o de pegar un ojo sin antes ver aparecer a la muchacha.
Es por ello que a todos se le cayó el alma al suelo cuando el conde retornó y, con las expectativas de aliviarse al verla llegar con él, más bien se les encogió el pecho al percatarse de que nadie lo acompañaba.
Lady Agnes fue la primera en emitir un sonoro gemido que les engranujó la piel a los demás cuando Landon, casi asfixiado por la frustración y la rabia, les contó el terrible desenlace de la negociación entre el Evanson y el japonés, en donde Cheryl ha pasado a ser una pieza de trueque entre ambos.
Un cuarto jarrón colisionó contra el piso de mármol del gran salón cuando Lord Gerald asimiló la información, sobresaltando a todos de un respingo y obligando a una doncella a volver a recoger la porcelana fragmentada.
El pánico se acrecentó de sobremanera en cada uno de los Beckett presentes que entrevieron el peligro al que de pronto se ha visto expuesta la pobre Cheryl.
Lady Evelyn también comenzó a ponerse histérica y, al igual que a la madre de la joven, se le mandó a preparar otra infusión de hierbas para tranquilizarlas. Pues ya no solo estaba preocupadísima por su sobrina política, sino que la peliaguda situación de su hermano también empezó a atormentarla al pensar que algo malo pudiera ocurrirle a él.
El hecho de que Lord Gerald y lo demás hombres de la familia no vacilaran en empezar a despotricar atrocidades y formular mil y una amenazas en contra de Derek no hizo sino mortificar más a la esposa del conde. Al parecer ellos, sumándose al loco japonés, también desean arrancarle la cabeza al yanqui.
Para sorpresa de todos y dejándolos perplejos, Lord Landon se determinó a emitir un comentario en defensa de Derek cuando oyó a su propio hijo Oliver exclamar su deseo de desmenuzarlo.
—Me jode admitir que el yanqui está igual de turbado que cada uno de nosotros ante esta situación. Me consta que intentó persuadir al japonés para que dejara libre a la pequeña. Aún más, os debo confesar que se mostró sinceramente trastornado por tener que permanecer con Cheryl en un mismo camarote, tanto que ahora pongo en tela de juicio que realmente sienta algún interés por ella.
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Lady Beckett
RomantizmLady Beckett es una pícara jovencita aristocrática que ha agitado un avispero. No hay ojos que no estén puestos en esa nueva joya que forma parte de una de las dinastías más importantes y controversiales de la nobleza del Reino. Recientemente presen...
