—Así se siente desear a un hombre.
Derek, que hasta entonces se ha mantenido tocando con la yemas de sus dedos los tersos pómulos de la criaturita acurrucada en su cuna, de repente detiene el trazo de sus caricias, quedándose momentáneamente estático en cuanto las desboscadas palabras de Lady Beckett llegan a sus oídos.
Por instinto, el yanqui ladea ligeramente la cabeza hacia ella para encontrarse con una insolente jovencita con la cara tintada de carmesí pero con unos ojos adornados de destellos y con una fijeza que parece querer traspasarlo. Por su parte, Lady Cheryl recibe una mirada fríamente perpleja de un hombre que intenta asimilar lo que ha salido sin refrenos de su boca.
—¿Qué has dicho, niña?—La voz de de él es ronca, apenas un susurro entre dientes.
Por un instante Lady Beckett se avergüenza de que sus labios hayan sido tan traicioneros y que su espontaneidad la delatase de esta manera. Sin embargo, dicho bochorno no tarda en desplazarse a un segundo plano cuando se da cuenta que al menos, aunque incoscientemente, ha dado un gran paso decisivo y ahora sus sentimientos han quedado expuestos ante él, lo que significa que ya tiene el camino allanado y sólo tiene que seguir escabulléndose por allí.
—Que te deseo tanto que no dudaría entregarme a ti completamente, Derek Evanson. Eso sí, después de que estemos casados—Responde ella a riendas sueltas, convencida de que ya no hay más alternativa que olvidarse del recato y más bien es el momento de empezar a jugárselas con el corazón del yanqui.
El mayor de los Evanson no evita quedar descolocado ante la picardía que de repente ha adoptado la más pequeña de las hijas de sus enemigos ingleses.
No le hace falta ser un hombre sobrado de intuición o perspicacia—pues ella ha sido lo suficienteme explícita con sus palabras— para no lograr comprender enseguida la situación: que la muy bribona está seduciéndolo. ¡Vaya sorpresa esta! ¡Ella, apenas una niña, está demostrando descaradamente su interés por él! No por Ryder, su hermano menor y quien encajaría más acorde a su edad, ni siquiera por Brandom que es el mediano. ¡Sino por él! La conmocción le deja pasmado unos instantes. Jamás habría imaginado que unas de las cultas y distingidas señoritas Beckett se atrevería a algo semejante a esto, aún menos la refinada lady Cheryl.
Una ligera y divertida sonrisa se adueña de los labios de Derek cuando esta cuestión se le antoja un tanto cómica. ¿Cuántos tornillos han debido flojársele de la cabeza a esta niña? Oh, vaya que su padre, ese destetable marqués, sin dudas la reprendería duramente si se enterase de tremenda desfachatez.
—Oh, tus hoyuelos son un encanto, yanqui —Susurra ella en un ahogado suspiro cuando su mirada se clava en la breve curvatura de las comisuras del capitán americano.
Haciéndole honor a su ciniscmo, Derek se propone azuzar un poco a la pequeña Beckett.
—Lo primero sonó bien. Pero ya lo arruinaste cabalmente todo con lo segundo—Responde el Evanson antes las anteriores palabras dichas por la joven e ignorando su reciente comentario.
—Ya sé que desprecias el matrimonio y que por ello no tienes ninguna intención de casarte. Pero creéme cuando te digo que estoy resuelta a hacerte cambiar de parecer—Él admira el porte y la finura que despliga y que la caracteriza como auténtica miembro de la nobleza y el hecho de que aún así se las ingenia para actuar con tanta insolencia.
—¿Ah sí? ¿De qué manera crees tú que puedes cambiar mi parecer, niña?—Lady Cheryl no se amilana ante la desafiante mirada que él le dirije. Aún mas bien vuelve a sentir un vibrante cosquilleo por todo el cuerpo cuando nota que es la primera vez que este imponente hombre la observa detenidamente y está acaparándole toda su atención.
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Lady Beckett
RomanceLady Beckett es una pícara jovencita aristocrática que ha agitado un avispero. No hay ojos que no estén puestos en esa nueva joya que forma parte de una de las dinastías más importantes y controversiales de la nobleza del Reino. Recientemente presen...
