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Durante el camino Hyungwon aún estaba pensativo. Después de haber estado en el palacio de Saur y en el de Ivrisia, de repente estaba regresando al que realmente debería ser su hogar, pero no para él realmente, si no para el príncipe Hyungwon, el dueño real de esa vida que parecía tan extraña y tan familiar al mismo tiempo.

En su viaje de regreso se encontraba en la calesa con su padre, rodeado de una guardia real, bien protegidos y seguros, o al menos así se suponía que debía sentirse, con la seguridad de llegar sano y salvo al castillo. Sin embargo, la sensación que tenía en su cuerpo en esos momentos no era de seguridad. Al contrario, tenía un terrible escalofrio, una intuición de que algo malo se avecinaba.

Además, también estaba pensando en Wonho, ¿Sabría sobre su situación? ¿Estaría preocupado? ¿Estaría bien, estuviese donde estuviese? Esperaba con todo su ser que estuviera bien, pero el pensamiento de que ese camino no era el correcto persistía aún más en su mente.

Era una experiencia desconocida pero a la vez muy familiar, la que le decía que no estaba bien.

Al tener el sentimiento de agobio marcado, Hyungwon miro a su padre el rey en busca de algún tipo de consuelo, pero se sorprendió de notar que el hombre también estaba mirándolo fijamente, aunque su mente parecía vagar en recuerdos, pero al encontrarse las miradas, el hombre mayor sonrió.

—Padre... —comenzó Hyungwon, sintiendo el corazón estrujado.

El hombre que pudo sentir el agobio de su hijo a través de su tono de voz, se acercó para oír lo que sea que su hijo tuviera para decirle.

—Dime, hijo. —contesto el rey.

El príncipe miró a su alrededor y de nuevo devolvió la mirada hacia el rey.

—¿Por este camino recorriste cuando ibas al reino de Laith? —preguntó bajando la voz.

El hombre frunció el ceño sin entender el motivo de la pregunta que le hacía su hijo, pero aún así decidió responder.

—Sí, es el recorrido mas seguro, puedes verlo. —señaló vagamente alrededor. —Nadie transcurre por este camino. —sonrió para tranquilizar a su hijo. —No te preocupes. Estaremos pronto en casa.

Por un momento Hyungwon pensó en que sería mejor pensar positivamente para apaciguar su mal presentimiento, pero al final decidió que no iba a ignorar las señales y habló.

—Creo... Creo que quizás sea conveniente cambiar la dirección. —propuso a su padre.

El hombre se sorprendió.

—Como te he explicado antes, es seguro. —respondió con firmeza. —Insisto en que observes a tu alrededor, solo están nuestros hombres de confianza. —dijo el rey. —Además, en la otra vía posible es la que mas circulan los demás. Nuestra presencia sería demasiado obvia en ese lugar. —explicó.

Hyungwon asintió sin ánimos de contradecir, pero sintiendo que debía hacerlo.

—Padre, disculpa mi atrevimiento pero realmente creo que deberíamos regresar y tomar el otro camino. —insistió.

El rey comenzó a impacientarse por la decisión de su hijo y hasta le preocupaba pensar en que quizá Hyungwon estaba siendo amenazado por alguien para entregarse a sí mismo o al rey.

—Hijo, si hacemos eso vamos a servirnos en bandeja de plata… que digo, ¡de oro! para los enemigos que están atacando el reino del rey Saur. —dijo su padre con tono preocupado. —No sabremos qué consecuencias tendríamos a causa de eso.

El príncipe bajó la cabeza en señal de respeto a su padre, pero aún así se mantuvo firme.

—Padre, creo que deberíamos recapacitarlo, meditarlo, sopesar las diferentes opciones. —dijo con determinación. —Quizás... deberíamos dividirnos, en dos. La mitad para cada camino. —dijo mirando directamente a los ojos de su padre. —De esta manera, podemos confundir al enemigo. Quizás incluso vestir diferente, utilizar los caballos y no usar una calesa.

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