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Desafortunadamente a la mañana siguiente no hubo un bonito trino de pájaros que lo despertaran como antes, esta vez el sonido del claxon de un auto fue el encargado de darle el susto de los buenos días en su moderno mundo, de nuevo.

La verdad ya estaba cansado de la situación.

No quería ponerse de pie un nuevo día, simplemente, para volver a estar encerrado en una maldita oficina. Ya no podía hacerlo más, así que decidió que no volvería a ese trabajo.

Mientras todavía estaba en la cama se quedó pensando en lo que podría hacer después, quizá mudarse a una zona mas rural, buscar un trabajo que no fuera tan pesado y quizá con un golpe de suerte poder conocer a alguien que... «A quien quiero engañar» pensó para sí mismo «No importa cuanto lo intente, no voy a reemplazar a nadie».

Después de unos minutos de silencio se incorporó, se quitó la ropa y se fue directo a darse una larga ducha para relajar su cuerpo y su mente del lío que tenía dentro. Esa fue la primera vez en mucho tiempo que tomó una ducha sin prisas, que se vistió de forma casual para salir a la calle, que salió a comprar sin secarse el cabello y que desayunó una comida real y preparada en casa.

De alguna manera todas aquellas pequeñas cosas lo hacían sentir mejor, pero había algo que no podía desechar tan fácilmente en este mundo: la soledad.

Todavía tenía que comer solo, salir solo y volver solo y después de acostumbrarse a estar bajo el cuidado de alguien, vivir solo se sentía todavía peor.

En ese momento recogió su computadora portátil de un rincón, poniendole el cargador, la encendió y decidió buscar un trabajo diferente al que tenía, a buscar zonas a las afueras de la ciudad y además buscar un compañero para compartir apartamento, pero mientras lo hacía, por inercia se llevó la mano al cuello como si fuera una costumbre arraigada en su alma y se dio cuenta que no tenía puesto el collar, ya que se lo quitó para ducharse.

Inmediatamente se levantó y se fue a buscarlo estando un poco ansioso ya que la ser la única cosa que tenía en común con aquella supuesta ilusión, estaba dispuesto a cuidarlo más que a su vida. Iba a ponérselo pero antes decidió echarle un vistazo, al ver que los rayos del sol lo hacían brillar igual que las luces de los autos la noche anterior.

Observándolo se dio cuenta que su diseño era muy hermoso y según sus recuerdos él mismo los había forjado junto a un experto, así que tenía todavía más significado, fue entonces cuando una idea vino a su mente.

Una joya tan bonita y que un príncipe hizo, no pudo pasar desapercibida por todos esos años sin que alguien conociera su valía. Además, esa joya era su única evidencia de que su estadía como príncipe había sido real. Si alguien descubriera el origen de la joya, podría tener una noción de cómo volver y quizá descubrir cómo llegó esa joya a él.

Todo lo demás dejó de importar en ese momento y apenas recogió su billetera, se puso los zapatos y salió corriendo hacia la parada de autobuses que estaba cercana a su casa, y por primera vez en años tomó un autobús diferente al de siempre. Esta vez se dirigió al centro de la ciudad en busca de una joyería, para que un experto en joyas le diera al menos una respuesta vaga.

Cuando lo encontró, entró en el negocio y pidió la opinión de un experto por una joya que traía consigo. Un empleado lo hizo pasar a una sala aparte y después de un breve saludo, se quitó el collar y lo ofreció al hombre.

—Por favor dígame todo lo que sepa de este collar. —pidió casi desesperado. —Material, antigüedad, valor, de quien era y donde fue su última ubicación conocida.

El hombre se sorprendió por la ola de preguntas, pero se lo tomó con calma ya que no era la primera vez que venía una persona así a su negocio. A veces algunos ladronzuelos asaltaban señoras en las calles y corrían a su negocio buscando vender este tipo de cosas, esperando llevarse una fortuna, pero la mayoría de veces no tenían éxito.

—Veamos... —dijo el hombre comenzando a examinar la joya con sus herramientas, viéndola desde varios ángulos y analizándola minuciosamente. —Qué extraño. —susurró.

Hyungwon se sorprendió y no se contuvo de preguntarle por qué se sorprendía.

—¿Qué ocurre? —dijo ansioso.

El hombre volvió a ver la joya y finalmente levantó la mirada hacia el chico.

—Es un collar muy antiguo y valioso. —explicó. —No podría decirle con exactitud sin hacerle una revisión más profunda pero creo que data del siglo XI (11), esta hecho completamente de plata y podría jurar que por este diseño y por el material utilizado que perteneció a la realeza. —el corazón de Hyungwon dio un vuelco al escucharlo. —Realmente no lo conozco así que tendría que investigar quien fue su último dueño ¿Cómo es que obtuvo esta pieza tan valiosa?

El hombre lo miró sorprendido y él no supo que decir. En realidad tampoco sabía cómo había llegado a sus manos y por qué estaba en la escena de su accidente, pero no podía exponer la verdad que conocía y decirle a este hombre que según sus recuerdos él mismo lo había forjado a juego con otro collar que le regaló al hombre que le gustaba.

—Lo encontré en el cajón de mi abuela cuando falleció. —mintió. —Nunca lo vi usándolo así que me sorprendí de verlo y quise saber su valía. —en ese momento se puso de pie y extendió la mano. —Muchas gracias por su información, se me hace tarde para volver.

El collar en las manos del hombre brillaba bajo el reflejo de la luz del lugar, y en lugar de devolvérselo a Hyungwon, miró el collar una vez más.

—¿Planea ponerlo en venta? —preguntó sorprendiendo al delgado. —Estoy muy interesado en este collar.

El delgado inmediatamente negó con la cabeza.

—No puedo, es muy valioso para mí. —dijo casi con angustia. —Tengo entendido que mi abuela lo usó en su boda como regalo de mi abuelo, así que la carga emocional que tiene es...

—Vamos, piénselo. —le pidió el hombre siendo insistente. —Puede ganar mucho dinero ahora mismo.

La mirada en los ojos del menor se tornó de una asustadiza a una feroz y en lugar de decir algo más, arrebató el collar de las manos del joyero e inmediatamente se lo puso.

—He dicho que no, gracias. —dijo con molestia y finalmente salió de ahí.

Después de eso estaba todavía más seguro de que sin importar si se trataba de un viaje en el tiempo, un viaje interdimensional o cualquiera que fuera el nombre, lo que había pasado había sido muy real y estaba dispuesto a volver.

En ese momento ya tenía un poco de información para empezar y su siguiente paso era investigar como loco hasta que volviera a ver el rostro de Wonho y pudiera decirle una vez más y con toda sinceridad...

«Omnia Vincit Amor»

[El amor lo vence todo]

Timeless Donde viven las historias. Descúbrelo ahora