Capítulo 6

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Bastian

El silencio que siguió a su declaración fue equiparable a estar en el espacio exterior. Bastian consiguió la atención de todos, sin embargo, nadie se movió. Estaban a la espera de su respuesta. 

 Se mantuvo relajado. Las miradas indiscretas lanzadas a su alrededor iban desde la curiosidad, hasta el fastidio. Los ignoró.

La fiscal se acomodó un mechón de cabello castaño suelto detrás del oído, dando pequeñas miradas a cada uno de los presentes, en espera de una respuesta y cavilando que haría a continuación.

Sentado al lado de la fiscal, Terry le clavó esa helada mirada azul, intentando meterse en sus pensamientos.

«Buena suerte con eso», casi sonrió ante el pensamiento, pero no era el momento ni el lugar.

—¿Quién más sabía? —insistió el detective.

Bastian sabía que no podía postergarlo ni un segundo más.

—Mi asistente. Marcos.

La fiscal se mantuvo tranquila un momento, luego se levantó, fue directo a la puerta, y se asomó para confirmar que la secretaria estaba en su puesto. Después, le pidió a la chica que contactara con Marcos y le dijera que se presentara a la Fiscalía de inmediato. 

No se alcanzó a escuchar la respuesta de la chica.

Mientras tanto, en la sala de reuniones se elevaron las voces: una discusión sobre severos castigos disciplinarios que se impartirían al responsable, y que todos tenían prohibido acercarse a la prensa, se entremezcló con otra en la que se culpaba a los encargados del caso de la ineptitud con la que se estaba manejando el asunto.   

Después de un rato, Marcos llegó sonriente, saludando a todos. Los asistentes a la reunión guardaron silencio en cuanto lo vieron.

Marcos se fue directo con él, la sonrisa se había esfumado de su rostro.

—Bastian, ¿qué sucede? —preguntó, pues todos lo observaban con abierta hostilidad. 

—¿Te ha contactado algún reportero en este tiempo? —La calma y frialdad adquirida con años de práctica abriendo cadáveres, presente en su tono.

—¿Quizás? —Marcos tragó saliva. Evitó su mirada por completo. Observó a todos lados, las paredes blancas, las plantas sobre el centro de la mesa, todo con tal de buscar una explicación convincente. 

Bastian le había advertido muchas veces sobre no hablar acerca de sus casos. Ahora podía sentir la tensión en el aire, lo único que se movía eran las agujas del reloj sobre la pared. Tic-tac, Tic-tac.

 Paciente, aguardó la respuesta de Marcos, que se veía inquieto, pues a menudo la mente de uno puede ser un calvario incluso peor. 

—¿Cómo que quizás? Responde sí o no. —Terry se había levantado de su lugar, y ahora sostenía a Marcos por la camisa.

—Es que... sí, algunos me preguntaron de manera directa... —El hombre se estremeció, no había esperado estar en esa posición. Al ver los rostros enojados, Marcos se apresuró a decir—: Pero no les dije nada a ellos.

—Bájalo, yo me encargo. —Bastian se levantó sin perder la compostura.

Terry lo soltó, se hizo a un lado sin perderlos de vista, la mandíbula tensa, en desacuerdo con sus métodos.

—¿Así tratas a tus testigos también? —preguntó Bastian arqueando una ceja—. No me sorprende que no quieran darte información. —Con un humor como el que se cargaba el detective, ¿podía hacer bien su trabajo?

Muerte a cada pasoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora