Capítulo 13

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Bastian

Su mañana transcurrió en apacible calma, incluso había visitado el área de RR. HH., donde para su satisfacción ya tenían la orden de reclutar a un nuevo asistente. También le comentaron que ellos le avisarían cuando lo encontraran, así que se despidió con una sonrisa cordial.

Entró a la pequeña parte que fungía como oficina, y revisó la documentación de los fallecidos para ver que tenía programado para ese día. Las actas de levantamiento de cuerpos estaban en orden, por lo que podía empezar sin complicaciones.

Se dirigió a la gaveta y se colocó el equipamiento. El aire frío le dio la bienvenida cuando pasó más allá de la oficina, lo sintió un momento, después fue como si no existiera. El paso de los años lo había acostumbrado, y esto era parte de su rutina, así que procedió con el primero del día.

Eran pasadas las diez de la mañana cuando uno de los mensajeros se asomó, llamó su atención levantando una mano con la correspondencia. Él se acercó a la entrada que dividía el cuarto frío con la parte que funcionaba como oficina, y le pidió que lo dejara cerca de su ordenador, en cuanto terminara lo vería. De todos modos, no le tomaría mucho antes de acabar con este, ya solo le faltaba suturar parte de la abertura que había hecho al comenzar.

El hombre asintió, y los dejó a un lado, sin embargo, le explicó que solo necesitaba su firma. Bastian se tomó su tiempo para desconcierto del mensajero, y una vez que terminó, volvió a donde lo esperaba, y se percató de que este tenía un apósito en el lado derecho del rostro.

—Deberías revisarte eso. —Señaló con un ligero gesto.

El hombre se lo quedó mirando un instante, antes de girar el rostro y acomodarse la gorra sobre su cabeza calva.

—Sí, no he tenido tiempo, es solo un raspón.

—¿Cómo te lo hiciste? —inquirió cuando el hombre le pasó el acuse de recibo para firmar.

—El fin de semana llevé a mi familia a acampar, y me raspé con una rama.

—Ya veo. Si consigues un rato, pásate más tarde y lo checo. Ahora aún tengo un poco de trabajo. 

—No se ofenda, doc., pero creí que solo trabajaba con muertos... No es que dude de sus capacidades.

—Y lo hago, el noventa y ocho por ciento del tiempo. Mis capacidades son buenas, ninguno se ha quejado.

—Qué alentador. Digo, gracias por el ofrecimiento —respondió tomando el acuse que le devolvió Bastian, y se alejó por el pasillo para hacer el resto de sus entregas.

Ya que estaba, antes de volver adentro, revisó la correspondencia. Eran los resultados del laboratorio de la segunda víctima, había pedido que les dieran prioridad a los concernientes al caso. Aun así, se habían demorado un poco más de lo esperado.

De no ser porque ahora estaba ocupado, iría el mismo a dejar los resultados, no obstante, quedaba otro cuerpo del que debía hacerse cargo. Así que alcanzó al mensajero en otra de las áreas y le pidió que ese paquete le fuera entregado al detective Duval de inmediato.

La nueva necropsia le tomó más que un par de horas, y en cuanto terminó, se dispuso de un momento para intentar arreglar el lío en el que se había metido. Llamó al detective.

Intentó una vez más, sin embargo, el detective no le contestó. En su lugar llamó a Rosalía, a quien debió llamar desde el principio. Ella descolgó después del segundo timbre y él le pidió hablar con Duval.

—No está disponible, entró a la sala de interrogatorios —respondió ella en tono apenado.

Por supuesto, él siempre llamaba en mal momento. El día que el detective Duval contestara a la primera sería un milagro.

Muerte a cada pasoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora