Terry
Era tarde, y extendido sobre el escritorio reposaba una copia del expediente que Rosalía le había enviado, y cerca de este se encontraba el de él con el caso que llevaba actualmente. En este aparecían los reportes con el estado, la hora y una descripción rápida sobre la posición de los cuerpos. En el que le envió su asistente no hubo pose, ni quemaduras, y el cuerpo aún conservaba la ropa cuando lo encontraron. La cual, para su fortuna, si había sido mandada a analizar, por lo que suspiró aliviado. Una cosa menos de la que preocuparse.
Eso no duró mucho.
Continuó leyendo el expediente que solicitó. En este se hacía alusión a robo, lo cual le hizo fruncir el ceño, de seguir con esto, el pliegue en su frente se volvería permanente. A pesar de que la habitación estaba un tanto desordenada cuando llegaron, no le pareció que hubieran desaparecido cosas de valor. De ser así, la pequeña caja musical labrada en plata se habría ido. A decir verdad, era lo que tenía más posibilidad en esa recámara. ¿Qué más podría robar? ¿Qué clase de ladrón ignoraría algo así?, la respuesta que más parpadeaba en su mente es que no había sido un ladrón cualquiera, ni siquiera pensaba que fuera uno.
Y la caja, Terry la tomó para mandarla a examinar por posibles huellas. No se podía dar el lujo de descartar nada.
Retomó la lectura, y en algo parecían coincidir: la puerta había sido forzada para extraer el cuerpo, antes de eso había estado intacta. El atacante o era un conocido de las víctimas o era muy hábil infiltrándose en el departamento. Lo cual lo llevó a reflexionar de nuevo en Adam, su nerviosismo y su actitud cuando llegó al departamento le resultaban sospechosos. No obstante, de él ya se encargaría en cuanto amaneciera.
Volvió al archivo, y su mente, inquieta, siguió buscando respuestas.
El patrón que hasta ahora parecía seguir se alteró, ¿qué había sido diferente esta vez? No pasó una semana completa para ese cuerpo y las condiciones eran diferentes. Sin embargo, que ambas fueran conocidas... quizás el asesino solo quería a la rubia y la otra fue un daño colateral. Eso parecía tener más sentido, lo anotó en una tabla que tenía en su despacho, la cual contenía la misma información que el tablero de su oficina en la Fiscalía.
De momento, ya se había dado la orden de estar al pendiente de basureros, por si se encontraban más cuerpos. Y no solo eso, pues al percatarse de que algunas de las heridas infligidas habían sido realizadas con material quirúrgico (alguna tijera curva para las orejas y una sierra para la mano y dedos, de acuerdo al último informe del forense), se procedió a investigar hospitales cercanos al radio donde habían sido encontrados los cuerpos.
Lo cual conllevó a revisar las coartadas de por lo menos una docena de médicos que no estuvieron trabajando en el tiempo estipulado de muerte y la aparición de estos, esto sin contar la siempre eterna revisión de cámaras de seguridad.
Terry soltó un breve, pero exhausto suspiro. Se levantó, y fue a comprobar que Lys continuara durmiendo. Una pequeña sonrisa emergió en la comisura de sus labios, ella dormitaba de manera tan pacífica, sin embargo, se había destapado y removido un poco de lugar. Con cuidado, la volvió a arropar, y después regresó a su investigación otro rato.
Estuvo al pendiente de ella mientras que trabajaba, hasta que le fue imposible continuar; su cerebro no daba para más, necesitaba una pausa. Por lo que medio recogió sus documentos y se dirigió a la cama. Descansó un par de horas y más tarde se despertó a darle de comer a la bebé que ya se había despertado.
—Buenos días, hermosa.
En tanto que la sostenía, la bebé lo observó un momento, y sonrió con un ligero gorjeo. Había amanecido de buenas, menos mal, porque luego costaba calmarla cuando comenzaba a llorar.
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Muerte a cada paso
Mystère / Thriller«Las desgracias vienen de a tres» ¿Será cierto, o solo es la antesala al infierno por venir? Bastian Finnegan es un forense casado con su trabajo. No tiene mucho que se unió para ayudar en el caso que le ha puesto los pelos de punta a la ciudad: el...
