Bastian
Ansiaba que el desayuno terminara pronto para poder marcharse, pero no había hecho más que empezar. Al poco tiempo, los invitados hicieron su aparición, y Bastian no se molestó con pretender que le interesaban. Una mano fue extendida frente a él, el dueño, un hombre alto, bien vestido, con entradas prominentes en el cabello negro, rostro benevolente en el cual se ensanchaba una sonrisa. Darío Rumelt, lo reconoció de la reunión anterior con su padre. La sacudió un segundo y luego la retiró. Esta vez no se encontraba en compañía de otros socios, sino de un adolescente de alrededor de dieciséis años y una chica mayor que este. El socio de su padre los presentó como sus hijos: Bianca y Denis.
Eder Finnegan los recibió con una sonrisa expectante e hizo que se sentaran cerca, frente a él y su falso prometido. Ahora tenía mayor comprensión, debía parar esto. Trató de relajar la tensión en sus hombros.
Tenía que ser una maldita broma después de la conversación que habían mantenido. Sin embargo, su postura respecto al tema continuaba; ya vería cómo resultaba esto. Sin hacer alusión a ello, le dio un sorbo al café y degustó su desayuno. A su lado, Duval también se dedicó a desayunar. Esta vez, Bastian le dejó instrucciones al servicio para cortar la comida por practicidad y que así, ni él ni el detective tuvieran que hacerlo. La bebé seguía en brazos de Marisa, una cosa menos de la cual preocuparse.
Darío y su familia se mostraron atentos, sin mencionar el acuerdo, aunque tampoco conversaron de negocios, ya que, en cuanto comenzaron, Marisa se los prohibió de manera cortés hasta terminar el desayuno. El silencio se estableció como una delgada hoja afilada, la cual en cualquier momento apuntaría en su dirección. Pasados algunos minutos, Eder se aclaró la garganta y llamó la atención de los presentes. Lo que dio pie a una conversación trivial.
A Bastian le dio la impresión de que Bianca deseaba estar ahí tanto como él. Ella revisaba el teléfono de vez en cuando, como si con eso pudiese acelerar el paso tiempo. El sentimiento era mutuo.
Hasta con eso, Duval estaba tranquilo, esperaba que así continuase. Darío mostró interés en Bastian, tomó la servilleta y la llevó a sus labios. Después la dejó y dijo:
—Eder me comentó que estás en el sector de salud, que eres médico, al igual que mi hija.
Bastian posó la mirada en Darío, luego sobre Bianca. Es cierto que la mujer era joven, de rasgos delicados, quizá entrada en sus veinte, pero esa fue toda la atención que le dio. ¿Hasta dónde había llegado Eder con los planes de ese matrimonio?
—Sí, lo soy —se limitó a decir Bastian.
—¿Planeas quedarte en la Fiscalía por mucho tiempo?
—No veo por qué no.
—Podrías conseguir mejores oportunidades, quizá trabajar para uno de nuestros hospitales afiliados. Estarías más cerca de tu familia con un horario flexible.
—¿A qué viene este repentino interés en mi trabajo?
—Solo pensé en hacerlo como un favor a tu padre. Bianca también trabajará ahí, y no veo inconveniente en que pasen tiempo juntos.
Trató de disimular su desinterés, el rígido control que solía mantener sobre sus emociones se hizo más presente. Darío no prestó atención a ello o le restó importancia.
—O si prefieres, sé que hace tiempo postulaste como profesor en la universidad de Medicina, si aún te interesa...
—Le agradezco, pero no será necesario —atajó Bastian de inmediato—. Por lo visto, mi padre no le informó acerca del cambio de planes.
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Muerte a cada paso
Mystery / Thriller«Las desgracias vienen de a tres» ¿Será cierto, o solo es la antesala al infierno por venir? Bastian Finnegan es un forense casado con su trabajo. No tiene mucho que se unió para ayudar en el caso que le ha puesto los pelos de punta a la ciudad: el...
