Capítulo 9

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Terry

Terry estaba seguro de que la diferencia en el color de pelo y el rostro no estaban tan alterados. De ser así, al fin se habían topado con una parte importante del rompecabezas que representaba este caso. Siguió pasando las páginas y no encontró fotos de la mujer en la morgue. En cambio, había otra en la cual aparecía acompañada de otra mujer. Esta fue tomada de espaldas, y solo se podía apreciar a una que había volteado con una gran sonrisa.  

Los pasos continuaron en su dirección. Cerró el álbum y lo sostuvo en sus manos, cualquier otra cosa que Bastian le fuera a decir tendría que esperar. Ambos se giraron a tiempo para observar a un hombre abrir la puerta. Se hizo de espacio, y se acercó. Parecía mayor, Terry le calculó quizás unos cincuenta años.

—¿Quiénes son?, ¿qué buscan? —indagó con su voz ronca, deteniéndose enfrente de ellos.

—Detective Duval, a su servicio. —Se apresuró a mostrar su placa y una sonrisa de negocios—. Y mi compañero: el forense Finnegan —dijo mirando al recién llegado con suspicacia.

Entró con mucha confianza, y Terry tenía muy fresca su exploración, por lo que recordaba que las ventanas no habían sido forzadas. Necesitaba el expediente del caso cuanto antes para comparar observaciones. 

Bastian se acercó en su dirección al escuchar su nombre, dio un breve saludo y continuó su labor como si no estuvieran ahí. «Al menos no estorbará», pensó el detective.

—Mm —gruñó el hombre—. Ya estuvieron aquí sus compañeros —prosiguió, mirándolos con desconfianza.

—Así es. Estamos aquí para una segunda opinión —intervino Bastian con voz sosegada, cerca del dintel de una de las puertas donde algo pareció llamar su atención. 

—Creí que estaban robando el lugar —comentó el hombre sin quitarles la mirada de encima.

—No. Y usted, ¿qué hace aquí?, ¿cuál es su nombre?, ¿qué relación tiene con la dueña de este departamento? —cuestionó Terry, firme, al tiempo que le sostenía la mirada. El detective en él, tomó las riendas de la situación.  

El hombre guardó silencio. Había pasado de ser quien hacía las preguntas al entrevistado en cuestión de segundos. 

—Ya he respondido ante sus compañeros —se excusó el hombre, y se giró con rumbo a la salida, dando la conversación por concluida.

Por supuesto, que el sujeto cooperase haría el trabajo de Terry más sencillo. Como había quedado demostrado, eso no sucedería pronto. Y él, desde luego, no iba a quedarse de brazos cruzados sin hacer algo al respecto.

—¿Sí?, me parece bien, entonces no tendrá ningún problema en repetirme lo que les dijo... señor... —dijo en tono afable, a la espera de que el hombre respondiera por él. 

Este se giró, y su semblante continuó serio. El silencio lo obligó a decir:

—Adam. —Soltó un suspiro y miró en dirección a la salida—. Mire, solo pasaba por aquí de casualidad. Me pareció oír ruido, vi la puerta abierta... Creí que estaban robando, así que me acerqué para evitarlo. Eso es todo —terminó, ceñudo.

Terry le dio una rápida mirada. No parecía ir armado, sin embargo, la camisa almidonada azul claro y su pantalón gris bien planchado, le daban un aire arreglado. Demasiado para solo pasar de improviso a esa hora. 

—Muy amable de su parte —respondió con una pequeña sonrisa que denotaba amabilidad, y que tantas veces usaba para ganarse la confianza de los demás cuando hacía su trabajo de investigación.

Muerte a cada pasoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora