Capítulo 7

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Terry

Se puso la chaqueta del traje gris Oxford, y salió de la oficina como si estuviera huyendo de una jauría de perros salvajes. Comenzaba a odiar su celular, cada que sonaba era una señal de mal augurio. Era eso, o era él quien estaba salado.

Después del día que llevaba, surgió un maldito inconveniente. ¿En serio?, como si su vida no estuviera lo suficiente patas arriba. Esta vez, había sido su recién adquirida responsabilidad. En la mañana estaba bien de acuerdo a su chequeo. No se explicaba que pudo haber ido mal.

Ese pediatra... no volvería a consultarlo, buscaría a otro, si el tiempo lo dejaba. No pudo evitarlo, y un suspiro cargado de frustración abandonó su cuerpo. 

De acuerdo, en parte fue culpa suya, debió checar al menos las recomendaciones para comprobar si era de fiar. Por ahora, lo hecho, hecho estaba.

Había recibido la llamada de una de las institutrices de la guardería, indicándole que no se alarmara, pero que la pequeña Lys tenía fiebre y no paraba de llorar. Al parecer llevaba así un buen rato, motivo por el cual la habían llevado al doctor. Le dijeron que lo verían allá, después ella procedió a darle la ubicación del lugar. 

Aceleró, sin importarle las leyes de tránsito, esperando no causar un accidente. Trató de concentrarse en el camino y no perder los estribos. Podía divisar el edificio una cuadra más adelante. «¿Por qué no me hablaron antes?, ¿por qué esperar hasta que estuvo en estas condiciones?», las preguntas rondaron su mente, al tiempo que buscaba un lugar para estacionarse. 

Se apresuró a entrar. Por su propio bien, era mejor alejar los pensamientos que lo incitaban a salir huyendo de ahí. Una vez adentro, tomó un par de respiraciones para calmarse. Los pasillos estaban atestados de pacientes esperando su turno para ser atendidos.

No pudo evitar que su ceño se frunciera. Terry odiaba los hospitales, le hacían perder la esperanza. Tan solo tenía once años cuando su padre cayó enfermo. Motivo por el cual estos le recordaban el tiempo que su padre pasó conectado a tubos por el cáncer de pulmón, luchando por aferrarse a su vida. Mientras su madre pretendía ser fuerte cuando estaba al lado de él y lloraba desconsolada en su habitación las noches que no podía estar a su lado, a sabiendas de que estaba en fase terminal y ya no le quedaba mucho tiempo. 

Esta vez sería diferente. La pequeña estaría bien, alejó el pesar y avanzó a grandes zancadas. Al final del pasillo estaba una de las niñeras, paseándose de un lado a otro. Terry se acercó, ella se detuvo en cuanto lo vio, el alivio reflejado en sus facciones.

—¿Cómo sigue?, ¿por qué no me avisaron antes? —comenzó, la preocupación era evidente. Por más que intentara pensar que no era tan grave, la inquietud seguía ahí.

—Ya la están revisando —respondió ella. Había una mirada de disculpa en su rostro pálido—. Le avisamos cuando lo consideramos prudente... —Antes de que Terry pudiera interrumpir, se apresuró a decir—: Primero la estaban tratando las chicas, cuando parecía que no bajaría la fiebre, la trajimos de inmediato y le avisamos. No queríamos preocuparlo así, señor Duval. 

—De todos modos, me hubieran avisado. Fue una negligencia de su parte esperar hasta este punto —objetó, la sensación asfixiante no lo abandonaba. Es más, se enroscaba y se hacía de un hueco con cada segundo que pasaba.

«¿No es justo como el caso y los medios?», vino a su mente. Ellos tenían sus razones... al igual que ellas. «¡Agh!». Esto era complicado.

Ella no llegó a contestar, la puerta se abrió y el pediatra se asomó para llamar a los padres de la bebé. Terry se acercó, y por vez primera, su paso era inseguro.

Muerte a cada pasoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora