Bastian
—¿Qué...? —No terminó la frase. Bajó del auto y se apresuró a ver qué sucedía.
Duval yacía a un lado del sedán, y el llanto de la bebé se escuchaba estridente, asustada con el sonido del impacto.
Sus instintos se hicieron cargo. Se arrodilló cerca del detective, le revisó el pulso y notó que aún respiraba. Lo giró con cuidado para que quedase sobre su espalda. Con manos hábiles aflojó el cuello de la camisa y el cinturón en segundos, mas él no despertó. Deprisa, sacó su móvil para pedir una ambulancia, dio la dirección sin dejar de comprobar.
—Vamos, despierta... —murmuró.
El tiempo se ralentizó, ni supo cuánto tiempo transcurrió hasta que las luces de las torretas se vislumbraron, y la sirena se hizo audible. Los paramédicos se apresuraron, subieron al detective a la camilla, y le indicaron a qué hospital lo llevarían.
Bastian les agradeció, y les dijo que en un momento se dirigiría hacia allá. Pasó los delgados dedos por su cabello en un intento de darle sentido a todo, puesto que el suceso había sido desconcertante. Una vez pasada esta situación, miró a su alrededor por si acaso se había perdido de algo cuando estuvo con el detective.
Revisó debajo del vehículo y solo encontró las llaves que se le habían caído a Duval, las guardó, más adelante le serían de utilidad. Buscó en el suelo apoyándose de la linterna de su teléfono, a veinte metros encontró una jeringuilla, entrecerró los ojos, y con cuidado la recogió.
Regresó a donde estaba la bebé, ella aún lloraba, así que se acercó con cautela. Se detuvo frente a la puerta, la contempló un par de segundos, luego tomó una decisión y la llevó con él. No es como que pudiese dejarla a su suerte, eso sería irresponsable de su parte. Sobre todo, porque el padre de ella acababa de ser trasladado. En resumidas cuentas, lo hacía por ella y no por él.
—Tienes un poco de mala suerte, pequeña. —Negó un par de veces con hastío mientras la sostenía, y ahora que estaba en sus brazos, notó que la esencia que percibió más temprano no provenía de ella, ya que la de ahora era más sutil. Alejó eso de su mente y se concentró en la bebé—. Ni modo, por ahora te quedarás conmigo hasta que él esté en condiciones. No me lo pongas difícil y nos llevaremos bien. —Avanzó un par de pasos en dirección de su propio automóvil—. Vamos con tu padre antes de que muera.
Los ojos de la pequeña se veían brillantes, hizo un puchero, parpadeó un par de veces y reanudó su llanto.
—Oh-oh. Empezamos mal. No llores, todo va a estar bien.
Paseó de un lado a otro en un intento por calmarla. Debía darle crédito a Duval, lo hizo parecer fácil la vez pasada. Pero bueno, era su hija después de todo, le gustase o no, la niña tenía que lidiar con él.
El llanto disminuyó, y Bastian suspiró aliviado. La regresó al portabebés, batalló un poco acomodándola y se dirigió al hospital. Solo por ella se quedó en la sala de espera en lo que le hacían estudios al detective. Para cuando la enfermera llegó para comprobar a Terry, la bebé ya se había dormido. Con cuidado de no despertarla, se levantó y se dirigió a la cafetería más cercana, no le tomaría mucho, después, al fin, podría ir a casa.
Vaya noche la que llevaba.
«A este paso, mi próxima necropsia será la suya, y sin que yo haya intervenido».
Es cierto que, en más de una ocasión, imperaban las ganas de hacerle daño, pero eso no quería decir que estaba satisfecho con que alguien más se le hubiera adelantado. Al principio supuso que había sido por el cansancio que vio reflejado en él estos días, y que en la cena apenas tocó su comida, sin embargo, cuando vio el cuerpo laxo y no pudo despertarlo, supo que era algo más y que debía actuar rápido.
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Muerte a cada paso
Mystery / Thriller«Las desgracias vienen de a tres» ¿Será cierto, o solo es la antesala al infierno por venir? Bastian Finnegan es un forense casado con su trabajo. No tiene mucho que se unió para ayudar en el caso que le ha puesto los pelos de punta a la ciudad: el...
