Capítulo 41

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Terry

Redactó la solicitud para la revisión del registro de visitas de Robert Sousa al llegar a la oficina. Sin embargo, lo más probable era que no obtuviera respuesta en los próximos días. Dejó el pesimismo de lado como quien se quita una prenda que no necesita. La esquina del ordenador indicaba que faltaban diez para las cuatro; aún no era hora de salida, por lo que debería de haber algún administrativo disponible.

Tomó el teléfono y marcó al director de la penitenciaria. Necesitaba la autorización cuanto antes. No podía darse el lujo de esperar los quince días habituales. Menos si la fiscal quería el caso resuelto en ocho.

El teléfono sonó un par de veces, sin que hubiera respuesta.

Negó con la cabeza. Sin más, mandó la solicitud por correo institucional; como asunto escribió la palabra urgente. El archivo marcó enviado y, al mismo tiempo, Logan Spencer, el director del centro penitenciario de Charity, atendió la llamada. Con el teléfono pegado al oído, Terry terminó de armar el expediente. Listo para partir en cualquier momento. 

—Director Spencer, habla el agente Terence Duval, detective a cargo del caso Frankenstein.

Aún odiaba el nombre dado por la prensa sensacionalista, pero en esta ocasión le pareció que el director estaría más predispuesto si ubicaba el caso con facilidad.

—¿Qué puedo hacer por usted, detective? —escuchó la voz servicial de Logan como anticipó.

—Requiero acceso al registro de visitas del preso Robert Sousa con número de identificación: 414225, de los últimos días, y las grabaciones pertenecientes tanto a sus visitantes como del incidente ocurrido el día de hoy. —Se puso la cazadora que tenía en el respaldo de la silla—. Voy para allá.

—Me gustaría ayudar, sin embargo, primero la fiscal debe autorizar...

—Está al tanto, me puso a cargo. Puede consultarlo con Andersen directamente. Le envié la solicitud al correo, y llevo la documentación conmigo.

—En ese caso, espero su visita. Pediré que lo tengan listo para entonces —fue la respuesta del director Spencer antes de colgar.

***

En la entrada de las instalaciones de un edificio con la fachada gastada por el sol, un par de guardias con el uniforme azul oscuro del cuerpo de policía penitenciaria permanecían a cada lado. Las letras en blanco de la división ocultas en la espalda. Uno de ellos se acercó a ver qué necesitaba.

Mostró la placa.

—El director me espera.

Le permitieron el acceso y el mismo procedimiento se repitió en recepción. Una vez que enseñó sus identificaciones, lo hicieron pasar al segundo piso, a la oficina del director. Llamó un par de veces a la puerta grisácea y escuchó un «adelante».

Logan Spencer se incorporó de la silla; era un hombre alto con la cabeza más blanca que negra. Las horas detrás del escritorio le habían pasado factura; así lo evidenciaban un par de botones en la camisa que parecían a punto de estallar.

El rostro con arrugas del hombre mayor permaneció serio cuando intercambiaron formalidades. No obstante, el tono seco y que aún no tuviese algún archivo a la vista, le indicó a Terry que algo no iba bien.

Esperó lo peor.

El director Spencer volvió a sentarse y la silla crujió bajo su peso.

—No te quedes ahí. Siéntate —le dijo Spencer con la facilidad de alguien acostumbrado a ordenar, a Terry no le gustó el tono empleado, pero lo dejó pasar—. No tengo buenas noticias.

Muerte a cada pasoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora