Capítulo 27

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  Terry 

Buscó el teléfono en su bolsillo, necesitaba comprobarlo de inmediato. Revisó los archivos en busca de la transcripción de la entrevista de Adam. Al no encontrarla, por un par de segundos se debatió si pedirle a Rosalía que le reenviara el archivo o no. Más riesgos por tomar, así que al final, optó por no hacerlo. Si bien no la tenía por escrito, aún contaba con la grabación de esta y de ahí podría extraer la información. Una ventaja de tenerla en la nube, es que podía acceder desde cualquier parte.

—¿Aún tienes el expediente? —indagó Finnegan con un interés apenas disimulado.

—Sí —respondió Terry sin apartar la mirada del móvil, hasta que encontró el archivo. 

—Te recuerdo que ya no tienes jurisdicción en este caso —dijo el forense, no con malicia, sino como si relatase un hecho más.  

—Pequeño inconveniente que nadie más sabe. —comentó él. Excepto por Finnegan que lo miraba desafiante—. Y así se mantendrá.

Terry le restó importancia, aunque para ser sincero, no sabría decir cuánto tiempo más duraría antes de que alguien del departamento comenzara a hacer las preguntas correctas acerca de su visita a Emiliano y atara cabos sobre lo que hacía. 

Su mirada se encontró con la del forense, y se preguntó cómo diablos, terminó confiando en él de todas las personas. Finnegan sujetó el café entre sus manos y lo probó, enseguida buscó un sobre de azúcar y la esparció en su bebida. El tintineo de la cuchara fue breve, mientras el vapor subía en suaves espirales.

—Salgamos de aquí. Debo comprobar esto ahora mismo —continuó Terry. 

No traía auriculares, tendría que esperar hasta llegar a su casa para revisarlo. Sabía que sería difícil rastrear a todos los clientes de Cordelia si lo hacía por su cuenta, no obstante, ahora podría reducir las posibilidades.

—Debiste pensarlo antes —dijo el forense—, de ser así, ahora no estaríamos en esta situación. 

—No es tan simple, lo sabes. No puedo forzar las piezas a encajar. Pero mira, adonde nos ha llevado eso —respondió Terry. Su compañero negó, y él consiguió ver de nuevo la marca que le dejó en el cuello, era pequeña, pero cuando Finnegan la viera iba a querer matarlo. Tal vez no fue buena idea dejarle el arma. Una media sonrisa divertida tomó forma en su rostro—. No donde me gustaría estar ahora. 

—No te precipites a saltar a conclusiones. Ni conmigo ni con el caso o podrías decepcionarte. 

Terry lo vio y negó, recordaba con viveza los acontecimientos de ese día. «¿Estás seguro?, te pusiste duro hace rato y eso que apenas y te toqué». Evitó mencionarlo, aunque fue difícil contenerse. En cambio, dijo:

—No lo haré. Aún no es tiempo, pero no olvides que siempre persigo mis intereses hasta alcanzarlos. —Y por ahora, Finnegan entraba en la lista—. No puedo ir a Andersen para que reabra el caso, al menos, no todavía. —Terry sacó su cartera para dejar propina. El café seguía caliente e intacto sobre la mesa—. ¿Nos vamos?

—No dije que te llevaría —replicó el forense. Se levantó y extrajo la billetera. Dejó un par de billetes y la volvió a guardar con toda calma. 

—Tampoco dijiste que no. 

—No presiones. —Finnegan le dio la espalda y se retiró, no llegó muy lejos antes de que Terry hiciera el mismo trayecto.

—¿Y si necesito ayuda? —dijo Terry a unos cuantos pasos de él.

Finnegan se detuvo, como si no esperase escuchar eso. Dio media vuelta. Su expresión seguía calmada, y sin alterarse dijo:

Muerte a cada pasoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora