Bastian
Sujetó al detective por el cuello de la camisa y lo estrelló contra la pared detrás. El golpe se escuchó, pero no se preocupó por la fuerza empleada. Tenía suficiente. De él, de su familia, todo. Había llegado al límite. No era temperamental, hace mucho tiempo que aprendió a controlarse; sin embargo, la situación se le estaba yendo de las manos. Sin contar que Duval sacaba su peor versión y tenerlo enfrente, lejos de miradas indiscretas, no ayudaba para contener la violencia que pugnaba por salir.
Duval no emitió palabra alguna porque Bastian no se lo permitió. Pronto, sus manos pasaron de la camisa al cuello del otro hombre, y sintió la piel cálida al tacto. Una sonrisa tomó forma en el rostro del detective, que le dirigió una mirada altiva, en la que podía interpretarse: «¿y ahora qué?», como si le hiciera un favor al dejarle tocar.
Bastian deseó abalanzarse sobre él y hacerle daño, crear un baño de sangre hasta que suplicara que se detuviese.
—Voy a matarte.
—Inténtalo, si puedes —se las arregló para decir Duval, ajeno a su situación actual.
La mano sana del detective se sumó a la suya, ni siquiera intentó deshacerse del agarre; al contrario, Duval lo instó a presionar más. Estaba demente, lo peor, es que, a una parte retorcida de él, esto le gustaba. Se obligó a tomar una profunda inhalación para mantener la compostura antes de que fuera tarde y cumpliera su palabra de acabar con ese hombre. Bastian lo soltó como si fuese ácido; en cuanto lo hizo, Duval tomó un poco de aire y lo atrajo por la cintura.
—Sigo aquí —dijo Duval y sus comisuras se elevaron en una sonrisa presumida.
Bastian llevó el brazo hacia atrás. Dejó ir el puñetazo al rostro contrario, y el detective al fin lo soltó. Se sintió tan bien. No obstante, Duval no se quedó quieto, le devolvió el golpe en la mandíbula. El impacto sirvió para alimentar su ira. Volvió a atacarlo, esta vez Duval estaba alerta, por lo que fue difícil conectar otro. Se las arregló para hacerlo, y al siguiente, Duval atrapó su mano, giró y la retorció contra su espalda antes de mandarlo al suelo en un instante.
—Podemos hacerlo fácil o difícil. No eres el único harto de esto. ¿Quieres pelear?, esfuérzate más.
Su reacción inicial fue defender su ego, había sido detenido por él, alguien que ni siquiera estaba con todas sus capacidades físicas. Dejó de forcejear, y Terry lo soltó al creer que se rendía. Se incorporó, y golpeó detrás de la rodilla para desestabilizarlo y llevarlo al suelo. Bastian volvió a encararlo. Esta vez aprovecharía sus ventajas, era más alto que él. Además, el detective seguía en recuperación. Debería alejarlo, terminar esto y regresar a casa, pero ahora esa no era opción.
Terry se levantó y Bastian se acercó a él.
—Al diablo, maldito detective.
—Maldito forense. ¿Aún no tienes suficiente?
Terry se adelantó y lo tomó por la cintura. El contacto de los dedos del detective ardía incluso con la ropa puesta. Duval lo pegó a su cuerpo, y reclamó sus labios con ímpetu. Por una milésima de segundo, Bastian se congeló, después reaccionó para llevar esa batalla a una más exquisita y placentera. Cedió el control a su parte irracional.
Volvió a besar mientras le abría los botones de la camisa blanca. Descendió por el cuello de su compañero, chupó y mordió cerca del pulso y continuó por la nuez de adán. Dejaría unas bonitas marcas sobre la piel clara, en respuesta a la que él le había dejado. El sonido que brotó de la garganta del detective le satisfizo. Se alejó un poco para ver la expresión de su rostro.
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Muerte a cada paso
Mystery / Thriller«Las desgracias vienen de a tres» ¿Será cierto, o solo es la antesala al infierno por venir? Bastian Finnegan es un forense casado con su trabajo. No tiene mucho que se unió para ayudar en el caso que le ha puesto los pelos de punta a la ciudad: el...
