Capítulo 36

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Terry

A una distancia considerable del círculo de protección, Kelin despachó a los reporteros. Algunos guardaban micrófonos, otros apenas estaban con los trípodes. La joven reportera, que había hecho un movimiento para extraer información de él y fracasado en el intento, aún no se marchaba. Los corresponsales del noticiero vespertino eran los últimos en recoger. Esperaba no topársela de nuevo, no tenía ni el más mínimo interés ni la paciencia para lidiar con ella.

—¿Tenemos algo? —indagó Andersen, esperaba su llegada para la liberación de la escena. El rostro permanecía templado, pero la mirada de la fiscal apresaba cansancio.

Le dio los pormenores mientras caminaban con lentitud; a los lados, la cinta amarilla de no traspasar los guiaba por el pasillo para llegar a la escena. Detalló el croquis del sitio donde se encontró el cadáver y la posición del mismo. Reflexionó en los anteriores: Zaira al norte, Carter en el este, Casandra por el oeste, igual que Cordelia, solo que ella un poco más hacia el centro, y ahora en el lado sur de la ciudad. Un claro patrón de dispersión.

—Con este ya cubrió los cuatro puntos cardinales y sumó un hombre más a la lista. Sabíamos que era organizado.

Avanzaban unos pasos y miraban de nuevo en cada rincón, en una revisión final para corroborar que la escena se hubiese procesado por completo y para asegurarse de que no habían dejado nada fuera. Kelin observó las inmediaciones, luego se apegó a sus notas.

—Lo que nos deja en el punto de partida sin saber dónde será el siguiente.

El asesino seguía siendo precavido. Al ser un espacio abierto, se había ampliado el perímetro de búsqueda bajo sus indicaciones. Buscaron objetos personales en el contenedor, sin resultados. No obstante, en el siguiente, encontraron bolsas negras de basura con restos de cinta adhesiva que habían sido cortadas por el centro. En el interior la sangre se esparcía. Al igual que algunos residuos que estuvieron más próximos al cuerpo, fueron embalados y etiquetados para su examinación en el laboratorio.

Se dirigieron hacia la calle, donde el equipo encargado terminaba el embalaje de las muestras recogidas en el asfalto para averiguar el transporte utilizado. Sin embargo, por la oscuridad y que ya hubiesen transcurrido algunas horas desde el incidente, además de que múltiples vehículos transitaran por el mismo lugar, resultaba una labor titánica el encontrar las marcas de frenado y dirección adecuadas. De hecho, no siempre era posible identificar con certeza el tipo de vehículo que dejó una huella particular en medio de tantas adversidades. Les había pasado en las escenas anteriores.

—Esto es un desastre —declaró la fiscal y el hombre que empacaba las lámparas y luces UV se detuvo. Terry miró en su dirección a la espera de una continuación antes de darle su opinión—. Lo ocurrido, no el trabajo realizado.

—Me ofendería de ser el caso. ¿Listo?

—Sí, procede —respondió Andersen, y los demás prosiguieron con sus labores.

Terry lo hizo constar en el acta, firmó y luego se la pasó a la fiscal para que hiciera lo mismo.

—Pedí una orden para localizar el teléfono de Denzel y rastrear sus últimas llamadas. Son muchas coincidencias para dejarlo pasar. Lo tendrán dentro de algunas horas que cuenten con la cooperación de los servicios de telefonía móvil.

—Bien. —Andersen sacó una pluma, firmó y le regresó el documento—. Terminaré aquí. Mantenme informada a cualquier avance.

—Así lo haré. ¿Andersen? —llamó antes de retirarse.

—Tenías razón. Suéltalo.

Un atisbo de sonrisa se esbozó en su rostro, el cual murió en un santiamén con un regusto amargo. No iba a soltar un «te lo dije», no se sentía correcto.

Muerte a cada pasoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora