Capítulo 14

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Terry

Las palabras de la fiscal resonaron en su mente, ella tenía razón. Esa era una forma de localizar a la pequeña desaparecida, eso si no buscaban a Lys. Lo cual cada vez parecía ser lo más acertado. Porque vamos, era mucha coincidencia que ella hubiese llegado a su vida en medio de todo este revuelo, sin saber de dónde.

Las circunstancias lo estaban atando de manos. Pero no podía ofrecer a la pequeña a los medios como si nada. Ella ya había sido separada de su madre, apenas se estaba acostumbrando a él, además de que la tenía expuesta a sus cuidadoras. Demasiados choques en poco tiempo no podían ser buenos para ella.  

Por otra parte, de hacerlo, también pondría sobre aviso al asesino. ¿O eso era lo que esperaba? ¿Qué pasaba si sí era Lys?, ¿por qué de todas las personas se la habían dejado a él?, ¿qué buscaba al ponerlo en esta situación?, no, mejor dicho, ¿cómo le beneficiaba al asesino ponerlo en esta situación?

Tantas preguntas, y ninguna respuesta. Hallar la luz al final del túnel parecía imposible.

Tomó una profunda bocanada de aire, tendría muchas explicaciones que dar. Eso sí, desde que llegó había sido un cambio significativo para él. Por lo que bien pudo ser empleada como objeto de distracción. ¿Cómo podría alguien desasirse de la niña tan fácil? La pequeña no tenía la culpa de nada. Y, aun así, esta sensación de malestar no dejaba de invadirlo.

Su mente giró en otra dirección. Había un par de formas de averiguar si sus sospechas eran acertadas, así que trató de enfocarse. Necesitaría un poco de ayuda en eso, y solo podía pensar en un par de personas ahora mismo.

Una de ellas se encontraba a su lado, ocupado en su comida. Alejandro, le contaba sus idas y venidas, pero él no le estaba prestando atención. Y a la otra persona, la vería por la noche.

«Después de todo, tendré que pedirle ayuda a él». No imaginó que las cosas se pondrían en su contra tan rápido.

Mentiría si dijera que no estaba intrigado por el favor de Finnegan. Le había dado un par de vueltas al asunto, sin llegar a una conclusión que le satisficiera. La primera vez que coincidieron, no estaba de buen humor, aunque siendo sincero, rara vez lo estaba. Por lo que tal vez, solo tal vez, eso influyó un poco en su relación actual. Finnegan tampoco es que hubiese cooperado mucho.

Terry se había presentado a la escena del crimen para cumplir con su trabajo, después de realizar la inspección se dirigió a la morgue. Hasta hace unos días no tenían médico forense, ya que el anterior se había retirado. En mal momento decidió hacerlo, claro, le aseguraron que eso no afectaría, porque llevaban tiempo a la espera de otro y que al fin había aceptado. Para cuando llegó, el nuevo ya trabajaba en el caso. 

El cuerpo de la primera víctima yacía sobre la plancha de examinación con un código sobre el dedo gordo del pie. Y más allá de esta, un hombre hablaba con la fiscal, quien solo asentía a las palabras de este, mientras que Marcos continuaba con el procedimiento por su cuenta.

Se acercó con cautela, el nuevo forense era un par de centímetros más alto que él. Saludó a la fiscal. Ella le regresó el saludo, y aquel hombre al lado de Kelin Andersen guardó silencio.

—Solo personal autorizado. Salga de aquí —fueron sus primeras palabras expresadas en un duro tono autoritario.

—Vine por mi reporte —expresó al mismo tiempo. Eso lo hizo detenerse. Ante su desconcierto, casi pudo adivinar la sonrisa en el rostro cubierto por la mascarilla de la fiscal.

Terry elevó una ceja en su dirección.

—Detective Duval, bienvenido. Me temo que aún no está listo, hasta dentro de, ¿una hora? —Se giró en la dirección contraria, y el forense asintió—. Estará trabajando de ahora en adelante con el forense Finnegan. Preveo buenos resultados, más tarde espero una actualización por parte de los dos —declaró con una gran sonrisa, y sin más, se dirigió hacia la pequeña oficina a recoger sus pertenencias.

Muerte a cada pasoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora