Bastian
El cielo dejaba ir la oscuridad y poco a poco se tornaba grisáceo. Bastian dormía tranquilo cuando escuchó algo que lo interrumpió. Abrió los ojos, y recordó que no estaba solo. Quiso moverse hacia la orilla para alejarse, pero algo se lo impidió o, mejor dicho, alguien. Sobre su estómago reposaba el brazo del detective. La calidez extraña que despedía el cuerpo ajeno lo rodeaba, su espalda se encontraba pegada al pecho del otro hombre.
—Finnegan... —murmuró de repente el detective.
—Suéltame.
Nada, Duval no dio más indicios de estar despierto. Desconcertado por este hecho, Bastian llevó su mano sobre la del detective para sacudírsela de encima, pero él lo tenía bien sujeto, como si supiera que en cualquier momento se alejaría. Y no se equivocaba. Bastian ni siquiera notó a qué hora pasó. El sonido que escuchó antes se volvió a repetir, y esta vez, lo supo identificar. Era el llanto de la bebé que acababa de despertar, por lo que trató de liberarse con mayor ahínco.
—Despierta... ¡Quítate! —dijo, sin resultados, por lo que Bastian lo pateó esta vez. Lo escuchó quejarse y Duval, al fin, lo soltó.
—¿Buenos días? Y ahora, ¿por qué la agresividad? —preguntó Terry aún con la voz adormilada, y se volvió a acercar—. Es temprano para jugar contigo, pero... —Se movió sobre él—. No me importaría hacerlo de nuevo.
Bastian no se quedó mucho tiempo así y lo empujó. Un suave gemido abandonó los labios del detective al golpear el colchón. Fuera de eso, no pareció sorprendido, además lo sujetó por la cintura.
—Ahora no, levántate. ¿No escuchas? La bebé llora —reclamó Bastian—, y quítame ya las garras de encima.
Eso dio resultado. Finalmente, el detective lo soltó y se giró para encender la lámpara de al lado. Se puso un pantalón que recogió del suelo y, sin molestarse por la camisa, se dirigió a la salida. Por si Bastian necesitara otro recordatorio de lo acontecido, eran evidentes las marcas que le dejó sobre el cuello y la espalda.
Él no se quedaba atrás, Bastian tenía las propias en el cuello, en el interior de sus muslos y en la cadera, por el firme agarre del detective. Recordaba los sucesos de la noche con nitidez, su cuerpo ardiendo por su toque, al mismo tiempo que buscaba sus labios como si con ello pudiera encontrar alivio; la mirada del otro hombre mientras lo tomaba, el deseo que los embargó y consumió. Se llevó una mano a la frente y frotó.
«Eso ni siquiera debió pasar», se dijo. Sí, dejaron que sus deseos irracionales se hicieran cargo, y es por ello que nunca debería tomar decisiones en ese estado. Se suponía que se lo cogería él y no al revés. «Fue cosa de una vez, eso no volverá a repetirse».
Se levantó de la cama, y fue directo al armario. Tenía años que no ponía un pie en esa casa. Aun así, todo se encontraba tal cual lo dejó. Revisó entre su ropa, consiguió un par de camisetas negras con cuello alto y procedió a vestirse. Más acostumbrado al frío que al calor, estar en su ciudad natal no era tan agradable. Sería un poco extraño dado el clima del lugar en esta temporada, pronto la temperatura iría en aumento. Sin embargo, era preferible por ahora que aún estaba fresco. No es como si se fueran a quedar el resto del día.
La imagen que le devolvió el espejo mostraba un moretón en la mandíbula, y un apósito no sería suficiente para cubrirlo. Abrió el botiquín y sacudió la cabeza, no tenía caso molestarse con ello, así que se conformó con un poco de ungüento. Satisfecho, salió de ahí.
Terminaba de recoger su cabello cuando Duval llegó a la habitación con la bebé, y le pidió las llaves para traer la pañalera. Bastian ni siquiera notó en qué momento consiguió que Lys se calmara. Ella, si bien ya no lloraba, tampoco estaba tranquila. Observaba a su alrededor con avidez y esa curiosidad inherente de los pequeños mientras emitía pequeños sonidos.
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Muerte a cada paso
Mystery / Thriller«Las desgracias vienen de a tres» ¿Será cierto, o solo es la antesala al infierno por venir? Bastian Finnegan es un forense casado con su trabajo. No tiene mucho que se unió para ayudar en el caso que le ha puesto los pelos de punta a la ciudad: el...
