Bastian
El detective, que hasta ahora permanecía cerca de su escritorio con una sonrisa cínica, se enderezó al escuchar su respuesta. Su semblante cambió, descruzó los brazos y soltó una maldición.
—Repite eso, ¿y por qué carajo no lo dijiste antes?
—No aquí, y por si no lo notaste —Bastian hizo un gesto hacia el ordenador, antes de que al detective se le ocurriera otra cosa—, estoy ocupado. Tendrás que esperar.
El resultado había estado en su mente por un largo rato antes de llegar al campo de tiro. Luego, pasó a segundo plano cuando decidió responder a la provocación de Duval y olvidó por qué había asistido ahí en primer lugar. Bastian no iba a pasarse a su oficina ese día, por lo que se dirigió al gimnasio.
Después de entrenar, cambió de parecer, necesitaba enfocarse en algo más por culpa de cierto demonio que lo había distraído. Decidió que una salida casual lo arreglaría. Llevaba un par de semanas de solo trabajo, y ya tenía planes para pasar esta noche. No obstante, eso le dejó algunas horas antes de su cita, por lo que prefirió avanzar sus pendientes que seguían sin disminuir.
—Y también es tu día libre —apuntó Duval sin apartar la mirada de él.
—Lo es, pero eso no quiere decir que lo desperdicie contigo.
A estas alturas, Bastian no se molestó con preguntar cómo lo sabía. Buscar información era parte del trabajo diario de Duval, y que, por lo visto, se extendía a su vida diaria. Tampoco pasaría más tiempo del estrictamente necesario con él. Tenía suficiente por hoy.
—No sería un desperdicio.
La determinación y la sonrisa desvergonzada del detective hizo que Bastian deseara borrársela de manera lenta y dolorosa. Alejó los pensamientos. Le costó un poco, pero lo consiguió. Sin duda, si el límite se desdibujaba de nuevo un día, no le sorprendería que el causante fuera este hombre.
—¿Adónde quieres llegar con esto? —indagó Bastian con cautela.
—Resolver el caso lo antes posible de una puta vez. Por lo que dijiste, entonces, ¿qué parentesco...?
—Ahora estoy ocupado.
Le tomaría alrededor de veinte minutos para concluir, eso si continuaba sin interrupciones, después podría hablar sin inconvenientes sobre el tema.
—Esto es importante. Desocúpate. —Terry hizo una pausa y comprobó su reloj—. Diez minutos y nos vamos. —Se recargó del escritorio.
—No.
—No está a negociación. Son suficientes para que recojas.
—¿Y así quieres mi ayuda? No te confundas, Duval, aún no me agradas. Mi parte del trato está hecha, no me vengas con tus exigencias. —Bastian pasó a su lado, ignoró su presencia lo mejor que pudo y se dispuso a continuar con su trabajo.
El detective lo dejó tranquilo por apenas un par de segundos, antes de volver a la carga como lobo al acecho. Hizo la silla de Bastian hacia atrás con fuerza, y lo alejó del monitor.
«¿Y ahora qué quiere?». Estaba empecinado en acabar con su paz mental. Bastian intentó incorporarse, sin embargo, Duval se lo impidió. Alcanzó a dirigirle una mirada mordaz, y él la ignoró, incluso se atrevió a sonreír ante su reacción.
—No, si eso me quedó claro. Tú dices eso, pero tus reacciones y palabras no coinciden. —Terry permaneció detrás de él, con una mano lo sujetó por la garganta de un rápido movimiento. Bastian se resistió al principio, hasta que el detective aflojó el agarre poco a poco, y sin hacerle daño, lo reclinó hacia atrás.
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Muerte a cada paso
Mystery / Thriller«Las desgracias vienen de a tres» ¿Será cierto, o solo es la antesala al infierno por venir? Bastian Finnegan es un forense casado con su trabajo. No tiene mucho que se unió para ayudar en el caso que le ha puesto los pelos de punta a la ciudad: el...
