Capítulo 44

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Bastian

Ya recordaba la razón para no volver. En la sala, envuelta en una cobija rosa, Lys descansaba en los brazos de Vanesa. La mujer llevó un dedo a los labios en gesto universal de guardar silencio. A su lado, Duval asintió, se acercó y bajó el portafolio sobre el sofá.

—Buenas noches —murmuró Vanesa con amabilidad en cuanto reparó en Bastian—. Pensé que no volvería a verte por aquí en una temporada.

—Buenas noches, Vanesa —respondió él en cortesía—. Solo estaba de paso.

A Bastian le dio la impresión de haberla dejado con la imagen equivocada de ellos dos. Creyó que no sería necesario aclarar nada, puesto que no volvería a verla y le traía sin cuidado lo que pudiera pensar. Sin embargo, ahí estaba frente a ella una vez más, y antes de que pudiese dar marcha atrás, Vanesa dijo:

—No me digas que ya te vas, si acabas de llegar. Toma asiento. Y ya que mi hijo no te ha ofrecido nada, ¿quieres algo de tomar? —Vanesa le dirigió una mirada al detective y negó en gesto reprobatorio—. Por lo menos, atiéndelo.

—Acabamos de llegar. Ya me encargo.

—Gracias, no es necesario.

—¿Seguro?, ¿no quieres agua, café o quizá algo más? —Una chispa de diversión atravesó la mirada del detective.

—No.

—Bien. —Duval se acercó a Vanesa. Lys, que aún no se había dormido, reaccionó estirando los bracitos desde el capullo rosa; él la abrazó y la pequeña sonrió—. ¿Cenaron? Creí que ya estarían dormidas.

Todo el semblante del detective cambió mientras abrazaba a Lys: las líneas tensas se suavizaron, los hombros se notaban más relajados, cada vez que estaba con ella, parecía alguien más. Observarlo de ese modo lo hacía sentir más como un intruso mirando desde la ventana. Era buen momento para largarse de ahí.

—Dejé su biberón en la encimera para que se enfriara un poco, tráelo, ya ha de estar —dijo Vanesa y Duval asintió.

En lugar de que el detective le devolviese la bebé a su mamá, o de que la llevase con él, se la entregó a Bastian, que la sujetó con firmeza para que no fuera a caerse. Era un peso ligero, y sin duda, Bastian no pintaba nada con ella ni en esa casa.

Duval fue a la cocina y Vanesa se incorporó, llevaba el cabello rubio más corto desde la última vez que la vio.

—¿Llevan mucho tiempo? —Se ajustó los lentes sobre el puente de la nariz. No había reproche en el tono de Vanesa.

Se congeló y por un momento no estuvo seguro de haber escuchado bien.

—¿Cómo dijo?

Vanesa se disculpó por su indiscreción. Sí, justo cómo Bastian pensaba. No podía seguir así.

—En realidad, no es lo que parece. —Hizo una pausa, debió aclararlo antes—. Es tarde, debo retirarme. Mañana tengo trabajo.

—No te vayas —dijo Terry que venía de regreso con el biberón y alcanzó a escuchar lo último.

Vanesa vio de uno a otro con una sonrisa afectuosa.

—Me la llevaré para que duerma. —Y con eso, la volvió a tomar entre sus brazos junto con la mamila.

—Hasta mañana —respondió Duval—. Revisaré algunos archivos más antes de dormir.

Ahí estaba su salida.

—Los tienes en la carpeta que te di —terció Bastian, indiferente.

Terry soltó una risita.

—Por supuesto. Los revisarás conmigo, ¿no?

Muerte a cada pasoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora