Capítulo 35

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Terry

Ubicó a su asistente, la encontró en el centro de control con la fiscal Andersen y Alejandro Ferguson, se cubría el rostro con las manos mientras pequeños espasmos le sacudían el cuerpo. Permanecía al lado de otra mujer y un par de agentes, detrás de Kelin que lidiaba con los reporteros que les habían puesto una encerrona.

Terry se acercó con sigilo, la fiscal, que se encontraba en medio de alguna declaración, oteó en su dirección como si intuyera que se hallaba cerca. En vista de los acontecimientos, ella lo había designado de nuevo para realizar la revisión ocular, a pesar de que no estaba en horario laboral y de haber sido destituido del caso un par de semanas atrás.

Tendría que esperar algunos minutos más para poder abordar a la fiscal. Andersen había estado tan equivocada al cerrar el caso, y aunque a él le gustaba tener la razón, deseó no haber acertado esta vez.

La llamada los puso en movimiento, por lo que ni el forense ni él dedicaron palabra alguna a lo ocurrido antes de esta. Asuntos más importantes requerían su atención. Rosalía era uno de ellos. Terry avanzó por la calle para terminar de acercarse, le hizo una seña al otro detective y este asintió en acuerdo, su asistente se removió en su lugar en cuanto notó que había llegado.

Las escoltaron y dejaron a Andersen con la prensa para dirigirse a un sitio más seguro para los testigos. A su alrededor, los negocios ya habían cerrado. Excepto uno que parecía abrir hasta altas horas de la noche.

—¿Cómo estás? —indagó Terry cuando estuvieron lejos de las cámaras, un par de construcciones más adelante—. ¿Puedes contestar algunas preguntas?

Rosalía no respondió de inmediato, luego, con los ojos llorosos, asintió. Terry encendió la grabadora, sacó la libreta donde se limitaría a escribir palabras clave, aún seguía recuperándose. El dolor había disminuido, por lo que eso ya no era impedimento para su trabajo.

—Estaba tan asustada, pensé que esto se había terminado —gimoteó ella y un par de lágrimas se le deslizaron por el rostro—. ¿Por qué regresó?

Se lo pensó un momento antes de contestar, la respuesta no era agradable.

—Porque ha pasado un tiempo desde la última vez. Necesita satisfacer sus impulsos y no le importa el sufrimiento ajeno.

Su asistente se estremeció, de un movimiento limpió las lágrimas con la manga de la chamarra demasiado grande para su cuerpo que alguien del equipo le había proporcionado. De ese modo, solo conseguía verse aún más vulnerable.

—Tienen que detenerlo —pidió Rosalía con apenas un hilo de voz, que aguantó a escuchar a pesar de los constantes ruidos de los vehículos en la ciudad.

—Y lo haremos, ¿podrías decirme lo que pasó?

Rosalía sorbió la nariz y asintió una vez más, entonces procedió a relatarle el inicio de su noche después de salir de la oficina. Se había reunido con los demás, en cuanto se pusieron al día, se dirigieron al establecimiento con la intención de pasar un rato agradable. No siempre se podían ver por lo que aprovechaban cada oportunidad que se les presentaba; sin embargo, uno de sus amigos llevaba distante un par de días e incluso se negó a asistir con ellos porque estaba cansado.

—Por lo regular, Denzel aceptaba salir con nosotros sin impedimentos, pero en estos últimos días se quejaba de mucho trabajo. Así que pensamos que era razonable que no viniera.

—Continúa.

—No le insistimos. Joan pasó a mi departamento donde Amira y Maxine quedaron de llegar. Desde ahí nos fuimos. Estuvimos un rato en El Caldero hasta que Amira se sintió mal y decidimos volver. Para entonces ya todos habíamos bebido y no designamos chofer al principio. ¿Irresponsable de nuestra parte? Lo sé —agregó lo último como si pudiese advertir su reproche—, pero en ese momento no es que estuviéramos pensando bien. Los chicos nos pidieron un taxi, ellos se quedarían un poco más.

Muerte a cada pasoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora