Capítulo 22

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Bastian

Eso lo hizo reaccionar, se incorporó de inmediato con un leve dolor por la caída. Nada grave si tenía en cuenta el panorama. A su alrededor, pudo percibir como las actividades se reanudaron. Los pasos de todos, al movilizarse, hicieron eco.

—No soy quien necesita ayuda. —Se acercó al detective para intentar ver el daño recibido.

Duval permaneció quieto un par de segundos. Retrocedió un paso, usó su mano izquierda para cubrir la herida, y la sangre se filtró entre sus dedos. Giró con la intención de dirigirse hacia su compañero caído como si Bastian no hubiese dicho nada.

—Estoy bien. Continúa tu trabajo y no dejes que te disparen, otra vez —alcanzó a decir, aunque sin su usual tono altivo, y la palidez de su rostro desmentía sus palabras—. No siempre estaré cerca. —Duval dio un par de pasos vacilantes y por poco se cayó.

Como él se mantenía a una distancia prudente, aguantó a sostenerlo. Terry trató de alejarse de nueva cuenta, sin embargo, no puso mucho esfuerzo en ello. Bastian pasó el brazo alrededor de la cintura del detective para evitar que se desplomase, esta vez no se apartó.

—Suena a que siempre me proteges, y no es así. —Negó—. Te tengo. ¡Una ambulancia, ya! —gritó a nadie en específico.

—Está en camino —respondió alguien más que no supo identificar entre la cacofonía de voces. La situación había sido reportada en cuanto se desató el caos.

Esto lo hizo recordar que Duval no era el único herido, no obstante, fue él en quien centró su atención. Lo atribuyó al evento por el que acababa de pasar, ya le daría vueltas al asunto más tarde.

Al lado del otro oficial se reunieron algunos agentes, y otros venían en su dirección. En lo que llegaban los paramédicos, el tiempo era esencial. Con cada segundo que pasaba, Terry perdía sangre, incluso así trató de continuar por su cuenta. Bastian no se lo permitió, y el agarre en el cuerpo del detective se volvió más fuerte para mantenerlo ahí. La situación debía ser muy mala si no podía ni replicarle, aunque no lo reconociera el testarudo.

—Estoy bien, es solo...

—Si dices que estás bien una vez más, o que es un rasguño, te daré motivos para ingresar a urgencias. Ahora no te muevas si no quieres desangrarte aquí —amenazó Bastian y le obligó a estarse quieto para revisar al fin la herida. Esto duró apenas unos segundos, en cuanto Terry quiso incorporarse, le puso una mano sobre el pecho para impedir que se levantara.

El detective trató de objetar, y él no se lo permitió. Observó la herida, había un orificio de entrada, pero no de salida, como comprobó un poco después. Tenía alojada la bala.

—Aah, espera. ¿No se supone que los médicos deben ser amables con sus pacientes? —se las arregló para decir pasado un instante con un poco de diversión a pesar de su estado.

Debía concedérselo, estaba resistiendo bien. Sin embargo, no podría seguir así por mucho tiempo; una ligera capa de transpiración se hizo visible. Necesitaba ayuda cuanto antes.

—¿Quién te vendió esa mentira? —sonrió de manera fugaz—, olvidas que los míos no están vivos. Ahora calla, no gastes energía. La ayuda está en camino. —Suspiró—. No debiste hacerlo, no debiste protegerme. ¿En qué diablos pensabas al atravesarte así? —le reprendió. Dio una rápida mirada alrededor en busca de algo que pudiese usar para detener la hemorragia. Observó un par de mantas viejas, una fuente segura de contaminación. Descartó la opción. Al no encontrar nada útil, no dudó y se abrió el traje protector de inmediato.

—Está hecho, no hay vuelta atrás. Estás a salvo, estamos a mano —respondió con convicción, y Bastian volteó a verlo. Se encontró con que los ojos azul claro del detective permanecían calmados—. Era mi deber, estoy más protegido que tú.

Muerte a cada pasoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora