Terry
El hombre en la cama de hospital, Robert Sousa, de acuerdo con el expediente, seguía inconsciente cuando volvió. Terry se asomó a la puerta y le pidió a Gaspar, el policía que custodiaba, que trajera a uno de los doctores.
El oficial dudó apenas un segundo, y puesto que vio la urgencia con la que entró, se apresuró por el pasillo. Regresó un par de minutos después, acompañado del primer personal de salud que encontró, un hombre mayor con bata blanca sobre uniforme azul. Terry lo hizo pasar y le explicó que por cuestiones de tiempo necesitaba hablar con Robert cuanto antes.
El médico asintió y se acercó a comprobar al paciente.
—Ya no falta para que se pase el efecto, tendrá que esperar entre quince o veinte minutos como mucho —dijo con voz calmada, ocupado con la historia clínica. Después llamó a una de las enfermeras.
Terry maldijo, quería respuestas. A pesar de que prefería sacudirlo hasta que reaccionara, podía esperar esos minutos. Si iba por el siguiente objetivo, corría el riesgo de que Robert se despertase cuando no estuviera y, al volver, encontrarlo dormido una vez más.
Le había dicho a Andersen que lo interrogara, pero como iban las cosas, era mejor encargarse del asunto por sí mismo.
El doctor terminó la revisión y junto con la enfermera, salió de ahí. Robert dormía, una intravenosa le suministraba el medicamento con más lentitud. Terry se dirigió a la silla disponible cerca de la cama y sacó el móvil. Le mandó un mensaje a Alejandro para que citara a Marcos y pudiera hablar con él. Luego le pinchó a una de las grabaciones, las había visto ya; sin embargo, una vez no era suficiente.
Pasado un rato, el paciente despertó. El traqueteo de las esposas, al tratar de incorporarse, lo alertó. Pausó el video y bajó el teléfono para comprobarlo.
—¿Recuerdas por qué estás aquí? —dijo con voz serena, cuando lo que deseaba era ir directo al grano.
Robert lo miró con el ojo sano y parpadeó, confundido; no obstante, se mantuvo en silencio. Observó a su alrededor con cautela, como si buscase algo que le fuese familiar. Se rindió y volvió la mirada hacia él. La cara hinchada recordaba a una albóndiga cruda; sobresalía la nariz ganchuda igual de inflamada. Al parecer, Emiliano se aferró hasta el último instante, era eso o había peleado con alguien más.
—¿Dónde estoy? —quiso saber el paciente, la voz sonaba rasposa después de despertar.
—El hospital. ¿Recuerdas cómo terminaste aquí?
Robert trató de incorporarse, pero las heridas y las esposas se lo impidieron. Rendido, dejó caer la cabeza sobre la almohada.
—Es inútil. —Terry le dio un momento más. Robert no dijo nada, cuando pensó que era suficiente respiro, Terry agregó—: Peleaste con uno de los reclusos con quien compartías celda. Se te acusa de homicidio.
Sus palabras surtieron el efecto deseado, la atención de Robert regresó a él.
—Ahora que estás despierto, podemos hablar.
Sin un minuto más que perder, presionó el botón de la grabadora y los segundos comenzaron a contarse. Levantó la mirada, clavándola en su interlocutor, al tiempo que le informaba que esa conversación sería grabada. No iba a arriesgarse a perderlo a él también antes de que pudiera declarar. Anunció fecha y hora, lugar donde se encontraban, luego le pidió decir su nombre completo y edad.
—Robert Sousa, cuarenta y tres años —respondió a regañadientes.
—Bien, Robert, solo necesito que seas cooperativo y me digas todo lo que pasó.
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Muerte a cada paso
Mystery / Thriller«Las desgracias vienen de a tres» ¿Será cierto, o solo es la antesala al infierno por venir? Bastian Finnegan es un forense casado con su trabajo. No tiene mucho que se unió para ayudar en el caso que le ha puesto los pelos de punta a la ciudad: el...
