Terry
Terry mantenía el hombro elevado, un poco separado de la axila, con el codo reposado sobre la camilla, tal como se lo indicó el fisioterapeuta. Al comienzo de las sesiones, el dolor se presentaba con cada acción realizada, por mínima que fuese. A estas alturas, debería haber menguado, pero no.
Hace días que desafió sus propios límites al poner a prueba la paciencia del forense, y no se arrepentía de ello. Menos cuando había llegado a un par de conclusiones que le satisfacían. Era lo único que lo conseguía en este caos que era su vida actual. Ahora todo iba más tranquilo, aunque seguía en recuperación.
Noah guio el brazo de Terry hacia el pecho con un movimiento suave; incluso así, le causó un poco de dolor que lo hizo reaccionar.
—Ya casi terminamos —dijo Noah al notar que estaba distraído—. ¿Duele?
Terry asintió e intentó prestar atención a lo que hacía. No podía descuidar esa parte de su recuperación si quería reintegrarse al trabajo tan pronto como le fuera posible.
—Demasiado pronto, intentemos otra —continuó Noah.
El fisioterapeuta le dio otro ejercicio; esta vez, Terry trató de concentrarse en algo más aparte de las paredes que lo rodeaban. Noah había dicho que podía quitarse el cabestrillo en caso de ser necesario por breves intervalos, siempre y cuando tuviera cuidado. Que Terry decidiera no colocarlo de nuevo porque era molesto e incómodo, era un asunto diferente.
No obstante, hasta Finnegan lo reprendió e insistió en su uso, puesto que aún no era tiempo de retirarlo. Lo consideró y, dado que, su recuperación demoraba, volvió a usarlo. La espera lo mataba. Abrió y cerró la mano, movió los dedos con lentitud una vez más siguiendo las instrucciones del fisiatra.
En cuanto la sesión terminó, Terry salió de la clínica con rapidez, aún odiaba el lugar. En su camino casi chocó con un médico que llevaba la misma prisa, lo esquivó y se dirigió a buscar transporte con la intención de regresar a su departamento.
Ahora, con la herida, el cuidado de Lys había quedado relegado a su mamá. Vanesa ayudaba con la pequeña, pero en cuanto Terry conseguía momentos libres, los pasaba con ella. Los pequeños gorjeos de felicidad que emitía la bebé cada vez que la sostenía y el sonido de la sonaja llenaba su hogar, y eso, lejos de molestarle, si eso la hacía feliz, podía escucharlo.
La oscuridad descendió sobre la ciudad, y Terry salió rumbo a El Caldero. Al llegar, la música llenaba el lugar, apenas y podía escuchar sus propios pensamientos con el bullicio. Su nueva rutina consistía en asistir a rehabilitación, y por las noches comprobar los bares. Además de cuidar a Lys, que con el paso de los días se aferraba más a él. Lo cual no le molestaba, pero sí preocupaba. Aún necesitaba respuestas.
Lo cual era otro factor que le jugaba en contra, el tiempo.
El inamovible tiempo que no esperaba a nadie. Conforme pasaba y Emiliano seguía en prisión preventiva, los demás parecían olvidarse de lo acontecido. Después de todo, para ellos había un culpable tras las rejas, mientras el verdadero criminal andaba suelto y maquinaba su próxima movida.
A pesar de haber reducido a dos las posibilidades, con Carter aún no era claro. Sería mejor solicitar las grabaciones de los lugares en las fechas previas a las muertes, excepto que, con la baja, Terry no podía presentar la orden.
Los recientes descubrimientos se unieron a los demás datos, y Terry se aferró a las únicas coincidencias. Por la mañana, los bares cerraban, lo que imposibilitaba localizar a los empleados fuera de su horario, así que tocó adaptarse. No llegaría a exigirles información, tampoco podía distraerlos de sus labores, por lo que empezó a interactuar poco a poco para ganar su cooperación.
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Muerte a cada paso
Mystery / Thriller«Las desgracias vienen de a tres» ¿Será cierto, o solo es la antesala al infierno por venir? Bastian Finnegan es un forense casado con su trabajo. No tiene mucho que se unió para ayudar en el caso que le ha puesto los pelos de punta a la ciudad: el...
