[Completa] Jenedith Roux no lleva una vida perfecta y su refugio son sus amigas y el judo.
Los problemas empiezan cuando el director del instituto Atlas les da la noticia de que pronto tendrán la presencia del modelo masculino del momento como nue...
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Jen
Sus ojos grises estaban sobre mí y lo empujé con todo mi poder; si él presumía de su rango en karate y hubiera querido usar su fuerza contra mí, no me hubiese dejado moverlo tan fácil, pero así fue.
Me levanté para alejarme de él y apenas me di cuenta de que la lluvia cesó. Saqué mi móvil del bolsillo, el reloj marcaba las doce de la noche. Las horas se me pasaron tan rápido que volví a mirar la pantalla para corroborar que no había visto mal.
—Es demasiado tarde, tuve que haberme ido en cuanto la lluvia terminó.
—Yo te llevo.
—No es necesario, le hablaré a...
—Que yo te llevo dije. Deja de contradecirme en todo y agradéceme.
Lo fulminé con la mirada y me crucé de brazos.
—¿Por qué? ¿de cuándo acá eres educado conmigo? Ver tanta consideración de tu parte es inusual y aterrador —repliqué un tanto frustrada por no entender los movimientos de Dim Kelly.
Era como los cambios de clima abruptos, en un segundo está soleado y perfecto y al siguiente se nubla para crear una tormenta, me era difícil descifrarlo.
—No te tengo consideración, todo esto me lo cobraré en su momento.
—Sabía que era demasiado bueno para ser verdad —dije decepcionada—. No necesito de tu ayuda, yo puedo regresarme sola.
Me alejé para tomar mi mochila y escuché que me hablaba pero hice caso omiso.
—¡Jenedith! ¡carajo contigo!
Caminé escalera abajo con un cubrebocas y pateé el portón de la entrada, poniéndole mala cara al guardia quien retrocedió del susto; tal vez pudo imaginarme como una loca desquiciada o una mujer con los recursos suficientes para portarme de la manera en la que lo hacía.
Me cuidé de los charcos de agua y en eso volteé cuando escuché que alguien maldecía por debajo. Se trataba de Dim, el muy idiota me seguía como un perro faldero.
—Con un demonio, sube al auto —ordena a cuatro metros de mí.
Seguí mi camino y recé porque hubiera servicio de taxi pasadas de las doce, no obstante, por estos rumbos era extraño ver alguno. En cuanto salí de la zona de peligro me quité el asfixiante cubrebocas y descubrí que Dim Kelly me seguía todavía.
Estábamos a tres cuadras de los departamentos y me detuve para enfrentarlo.
—Déjame en paz, vuelve a tu casa —me quejé—. Se cuidarme, Dim.
Mis palabras se fueron directo al caño cuando sentí como empecé a empaparme, la lluvia había regresado y en un movimiento rápido Kelly nos cubrió con un paraguas, ¿sabía que iba a regresar la lluvia? Su rostro era serio y laimagen frente a mí la categoricé bastante sensual por algunas gotas cayendo de las puntas de su cabello.