[Completa] Jenedith Roux no lleva una vida perfecta y su refugio son sus amigas y el judo.
Los problemas empiezan cuando el director del instituto Atlas les da la noticia de que pronto tendrán la presencia del modelo masculino del momento como nue...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
No estaba entendiendo a qué se refería con eso último.
—Déjate de frases incoherentes y explícate —exigí exacerbada.
Aventé mi mochila deportiva a sus pies y él se hizo a un lado con una sonrisa ladina.
—Cuantas ansias, Roux —se ríe y saca de su chamarra de mezclilla un sobre blanco y lo extendió.
Fruncí el ceño y le arrebaté el sobre para abrirlo. Había una especie de papel fotográfico y al descubrir lo que exponía esa foto me quedé como estatua, la sangre se me congeló, mi corazón se detuvo y deseaba poder regresar el tiempo para haber evitado ir a ese lugar con Bethany. Estaba claro; el lugar del que salíamos, mi madre y yo caminando con atuendos excesivamente cortos y vulgares, esa era yo y no había duda.
Por un segundo noté que mis brazos temblaban del miedo que me estaba dominando. Levanté la vista para encontrarme con esos ojos humeantes que deslumbran por tenerme en sus asquerosas manos.
—¿Co-cómo es que tú...?
Me sonreía como un demonio a punto de conseguir su nuevo conducto para esparcir su maldad.
—Yo estuve en el lugar correcto y tú en el equivocado.
Esto no podía estarme sucediendo, no con Dim Kelly, no con este maldito bastardo arrogante que lo único que vino hacer fue a fastidiarme la vida.
Rompí la fotografía en mil pedazos y él se carcajeó como todo un antagonista malévolo.
—¿Crees que no tengo copias, pequeña bestia?, no subestimes mi inteligencia.
Lo sujeté de la chaqueta de mezclilla y lo azoté contra los casilleros para ponerme a la altura de este pedazo de mierda, no iba a lograr a intimidarme.
Nadie volvería a pisotearme.
—No te pases de listo conmigo, cabrón —gruñí—. Más te vale mantener la boca cerrada si no...
Me tomó de las muñecas y me desequilibró por completo para caer sobre las bancas que estaban en el centro del vestidor, se colocó sobre mí y sus ojos me penetraron como nunca nadie lo había hecho.
—Tus amenazas me hacen apenas cosquillas —susurró muy cerca de mi rostro—. No te hagas la ruda conmigo, Roux, porque tengo muchas fotos como esas, cientos —elevó las cejas y yo aligeré mi tensión del miedo—. Las suficientes para mandarlas a cada uno de los estudiantes y maestros de este asqueroso instituto, así que será mejor que te portes conmigo de una manera más... servicial.
Le escupí en la cara y me lo quité de encima.
—¡Cerdo asqueroso! Ahora mismo iré con el director y...
—Ah-ah.
Tenía el móvil en sus manos y me detuve en seco.
—¿Qué haces? —espeté, girándome sobre mis talones para acercarme.