El abrazo esperado

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—¡Tengo que felicitarlo!

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—¡Tengo que felicitarlo!

Milly casi, voló pero Wanda se puso frente a ella como muro.

—De eso nada, Milly. Quieren privacidad, estar en familia y celebrar a su hijo —nos miró a las tres como si fuéramos a realizar alguna travesura—. Ni se les ocurra, ya lo felicitarán después.

Wanda desapareció y Milly no dejaba de removerse de lo ansiosa que estaba.

—Soy una terrible fan, una muy, muy, muy terrible fan.

Puse los ojos en blanco y Vega chasqueó con su lengua.

—Tranquila, cariño, mejor vamos a mi casa, a ver si no me echan de ahí también como de mi restaurante.

Me reí y seguimos a nuestra excéntrica amiga a su convertible.

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—¿Allanar el departamento?

Estaba atónita a lo que decía Milly.

—Sí, aparte de divertido y arriesgado, es la única forma que se me ocurre para obtener información de tu padre sin que ella se entere, tomando en cuenta que no puede acercarse a ti —comenta Milly mientras le daba mordisco a su rebanada de pizza.

Yo por mi parte me limité a comer un poco de pollo a la plancha y verduras. Mike estaría muy orgulloso por verme comer sano.

Era una porquería, pero si quería mantener mi cuerpo para las competencias era necesario sacrificar esa comida que me gritaba que la probara.

Aparté la mirada e imaginando que la pizza tenía excremento de perro. ¡iag! Casi vomito.

—Me encanta cuando tu cabecita se torna diabólica —dice Vega, meneándose mientras masticaba la pizza con excremento—. Me gusta, tenemos todavía los radios que usábamos cuando éramos niñas y aún funcionan.

Milly me miró.

—Y tenemos la llave del departamento, dime que todavía la conservas, Jen.

Asentí, masticando a duras penas.

Arrogante y sensual Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora