[Completa] Jenedith Roux no lleva una vida perfecta y su refugio son sus amigas y el judo.
Los problemas empiezan cuando el director del instituto Atlas les da la noticia de que pronto tendrán la presencia del modelo masculino del momento como nue...
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Jen
Me aupó a él y no tardó en llevarme a la recámara sin dejar de besarnos, sus labios sabían a menta con toques discretos de cereza, seguía comiendo de esas paletas que llevaba al instituto y esos fragmentos de recuerdos me hacían volar a una época donde a pesar de las circunstancias oscuras, él fue mi luz.
Me acomodó en medio de la cama y se desprendió de mí para quitarse la playera, con una mierda, su cuerpo había evolucionado, se miraba más ancho, más grande y marcado. Esa ropa floja que llevaba en la tarde no dejaba apreciar la figura enorme que Dim poseía.
Su brazo derecho lleno de tatuajes fue lo que más me asombró de su cambio físico, se miraba más sexi.
— ¿Te gusta lo que ves, pequeña bestia?
El tono burlón que usó me hizo volver a la realidad, me había perdido entre la piel marcada y la tinta negra que mezcladas en Dim Kelly formaban una combinación excitante y difícil de no sentirse atraída.
—Carajo, Dim, estás más grande.
Sonrió como el engreído que era, descendió arriba de mí para apoyarse de sus antebrazos sobre el colchón.
—Dices las palabras correctas ¿Puedes imaginarte las cosas que podríamos hacer?
Su voz había bajado dos octavas para sonar más ronca, casi susurrante.
—Después de cuatro años lejos.
Asintió con una ceja enarcada.
—Voy a desquitarme por estos años sin ti.
Lo deseaba.
—La luz, apágala.
Eso hizo que frunciera sus cejas.
— ¿Por qué?
Tragué saliva.
—Es que... no quiero que veas mis estrías.
La grisácea mirada de Dim me heló. No parecía gustarle lo que le pedía.
—Ya las he visto, cariño. Y quiero verlas.
Mis mejillas se incendiaron. Si había algo que me causaba mucha inseguridad a la hora de quitarme la ropa eran las estrías que marcaban algunas partes de mi cuerpo. No me gustaban y las prefería mantener ocultas.
—Han... aumentado, no quiero que las veas.
Dim permaneció inmóvil, sus ojos seguían clavados en mí, como si estuviera debatiéndose si hacerme caso o hacer lo que sus instintos le decían. Noté como separaba sus labios ligeramente y relamía muy despacio. Intenté moverme y él ejerció presión para evitar que saliera de su jaula.
—Te lo diré las veces que sean necesarias, Jenedith, para que te quites ese pensamiento absurdo —me besó lento y suave, cada parte de sus labios rozó los míos con paciencia y con ese cariño que seguía intacto, me miró—. Amo todo de ti, me vuelven loco tus estrías, me gusta sentirlas, son parte de ti y no voy a permitir que te hagas menos por tenerlas. Eres hermosa, Jenedith Roux, te amo.