Capítulo 9. Guerra de miradas

207 21 30
                                        

Mis nervios estaban por los aires, Dim cruzaba el puente con su sequito de seguidoras

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Mis nervios estaban por los aires, Dim cruzaba el puente con su sequito de seguidoras. Milly daba zapatazos de la emoción que si alguna de nosotras le decía "fuera" como en maratón de carreras saldría disparada.

El modelo se acercaba, nosotras nos encontrábamos en una pintoresca cafetería hasta que la pelirroja no pudo más. Nos abandonó para ir en busca de Dim Kelly. Apenas la miró, el modelo le sonrió enormemente y hasta la abrazó.

Vega no dejaba de mirarme de esa forma, la que te incitaba por seguir el juego. Quería esconder mi cabeza en alguna parte, deseaba desaparecer con un tronido de dedos. No estaba lista para enfrentarme a Dim si es que se tomaba la molestia de venir a saludarnos.

En eso, vi como Milly señalaba nuestra mesa—vil traidora—y sus ojos me encontraron. Lo que me hizo sentir más pequeña fue que su sonrisa amigable desapareció al segundo de verme. Hizo un movimiento de cabeza como saludo y yo igual, sin poder mantenerle la mirada.

—Joder ¿Soy yo o Dim Kelly está más bueno? —dijo Vega sin ningún ápice de vergüenza—, perdón, cielito, pero es que ese bombón es guapísimo.

Mi garganta se secaba. Dim se dejó venir por Milly. Venía hacia acá, no me quitaba la mirada de encima y yo intenté reprimir mi ardor de mejillas como una tetera a punto de silbar por lo caliente que estaba. Escondí mi rostro disimulando rascarme la frente, la ceja y acomodé mi cabello sin ningún sentido.

Iba a matar a Milly.

—Hola, bombón ¿Qué tal te ha ido? Dime que no me has olvidado.

Vega no dejaba de lado su excéntrica forma de hablar, tenía mis ojos clavados en el agua y mi cuerpo se estremeció al escuchar su risa ronca.

—No has cambiado nada, Vega, eres inolvidable.

Vega emitió un chillido que me sobresaltó y me hizo voltear. Los ojos grises del modelo me atraparon.

—Hola, Jenedith.

Estaba al borde del colapso y debía permanecer impertérrita.

—Hola, Kelly.

Soné áspera y agradecí la firmeza de mi voz, no quería que se diera cuenta de que su presencia todavía me afectaba. No dejaba de mirarme, era como si estuviera revisando cada detalle de mí con lupa. Intenté no darme cuenta, pero su mirada era pesada.

—Un gusto saludarlas, chicas. Me retiro.

—Espero saber de ti pronto, Dim.

—Claro, Milly. Espero seguir siendo tu consentido.

Milly lo abrazó como niñita.

—Siempre, Dim.

Escuché de nuevo su sonrisa y lentamente giré mi cabeza al ver que se alejaba para entrar a la cafetería.

Arrogante y sensual Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora