Capítulo 6. Nuevos destinos

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Desperté cuando los rayos del sol alcanzaron mis parpados cerrados. Joder, olvidé cerrar las cortinas anoche desde mi cuarto del hotel en Maldivas. Pasé mi mano por mi rostro y me levanté, mi cuerpo cubierto por la seda blanca de las sabanas me hizo recordar lo bien que la pasé anoche.

Giré mi cabeza para encontrar al cálido cuerpo de Kaya. Me acerqué para rozar las curvas desnudas de su cadera y grabarme el color de su tersa piel bronceada. Escuché su risita dulce y deposité un beso en su cuello y en su sien.

—Despierta, cariño. Ya es tarde.

Gruñó y yo reí.

—Cinco minutos más —solicitó con esa preciosa voz ronca que tanto me gustaba escuchar.

—Ya conozco eso...

Me pegué tanto a ella que ya estaba sobre su cuerpo, separé sus largas y delgadas piernas para descubrir sus perfectos y pequeños senos que me han vuelto adicto a ella. Carajo, un cuerpo de diosa, acaricié su abdomen, froté sus pezones que reaccionaron a mi estímulo y el sonido de sus gemidos me prendió.

—El truco contigo es follarte para que te levantes.

Kaya me dedicó esa sonrisa tan sensual y felina, sus ojos verdes me provocaban follármela tan duro hasta que me rogara clemencia.

Todo era mejor con ella, por Dios que todos los días intentaba convencerme de eso.

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Al dejar el hotel agradecí por última vez a la invitación al desfile de Dior, fui uno de los invitados especiales y junto a Kaya protagonizábamos el lanzamiento de las nuevas prendas de colección. Mi madre como fotógrafa se encargó de los diseños visuales para sacar una línea descomunal.

Mientras que mis demás hermanos trabajaban en la línea Kelly y entre otras marcas. Al subir al jet y tomar el mismo asiento de costumbre—alado de la ventana—Kaya acomodó sus piernas sobre las mías y se limitó a ver su móvil para leer lo que decían de nosotros. Dos años de relación se decía poco pero para mí ya era como haber sentado cabeza. Giselle no tuvo de otra más que darme el divorcio cuando se enteró que entraría a rehabilitación, y parte de mis exigencias era el trámite de divorcio, que lo conseguí a regañadientes.

Ahora ella prefirió adoptar un perfil bajo, dedicándose solo a asistir a los eventos de moda sin ser parte de ellos, se quedó como mera espectadora de los que pisábamos las grandes pasarelas.

—Cariño ¿Quieres que revise cuando empiezan los dichosos juegos olímpicos?

Quité mi cabeza que posaba en el dorso de mi mano mientras veía la vista desde las alturas y miré a Kaya.

—Revisa la asistencia de los atletas.

— ¿Por qué ese interés tuyo por ellos? Es extraño que sigas a los atletas olímpicos.

Arrogante y sensual Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora