Lake Station

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Jen

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Jen

Cerramos todo después de ocuparnos de limpiar y dejar a los perritos con lo necesario. Maggie quedó con uno de los veterinarios del centro médico que conoce para venir en la madrugada a monitorear a Joker, así que me quedé tranquila.

—Me da mucho gusto que nuestro equipo haya crecido, nos vemos el siguiente fin de semana, chicos. Descansen.

Maggie subió a su pickup y se fue.

Dim y yo nos miramos unos instantes y después apartamos las miradas. Eran las seis y media y el sol apenas se estaba metiendo por el horizonte pintando un cielo rojizo. Fue un día caluroso y ya esperaba con ansias el invierno.

—¿Tienes hambre? —pregunta.

—Sí, pero iré a cenar a la casa de Milly.

—¿Te quedas siempre con alguna de ellas?

Asentí con un dejo de vergüenza por no tener un hogar fijo.

—Puedo... llevarte a cenar y después dejarte en su casa.

Me atreví a mirarlo y él tenía una ligera sonrisa.

—¿Cenar contigo?

—No, Jenedith, con el hombre invisible. Claro que conmigo.

Torcí mis labios y me crucé de brazos.

—Deja de actuar tan... atento, me hace querer vomitar.

—Baja tus defensas, no estoy intentando nada malo, somos amigos ¿no?

Puse los ojos en blanco y lo miré de soslayo, se estaba acercando a mí y esta vez volteé a verlo.

—Vamos, Jenedith, te llevaré a donde tú me digas, al restaurante que más te guste, solo dilo.

—No tienes que igualar mi estatura cada vez que hables conmigo —refunfuñé al verlo ya inclinado.

Me ríe y esa risa me hizo cosquillas en el estómago.

—Eres una enana, mi cuello se cansa de tanto ver hacia abajo.

Lo empujé y él volvió a reírse.

—Vas a pagar por esto, Kelly.

—Anda, Jenedith.

Su auto estaba muy cerca de aquí y dirigí mi mirada a él.

—Bien, pero será donde yo diga y pediré lo que quiera.

—Lo que mande, jefa.

Se adelantó a abrir la puerta del copiloto y lo fulminé con la mirada.

—Deja de hacer esto.

—¿Qué? ¿no estás acostumbrada a que te traten bien?

Me tensé por un momento.

—Yo...

Arrogante y sensual Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora