Capítulo 20. Pareja del momento

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La final de judo estaba por comenzar. Mis hermanos e incluso mis padres se dieron el tiempo de asistir a la final de mi novia y pude ver a mi madre con rasgos más relajados cada vez que se mencionaba a Jenedith.

El lugar se llenaba a cada segundo que pasaba. Vega y Milly no dejaban de ver a todos lados mientras que Chip al fin se había dado el gusto de comer algo lleno de grasa—hamburguesa—, resulta que los hermanos Dermont tenían una extraña fijación por las hamburguesas y no paraban de comerlas.

—Tal parece que la niña es muy buena en su deporte —comentó mamá para mí.

Volteé a verla.

—Lo es, mamá, está defendiendo su título como campeona olímpica.

Arqueó una ceja como parte de la impresión que sentía, pero que no reconocería con palabras. Era bastante orgullosa.

—Jen podría romperte los huesos cuando te portes mal —dijo Arik muy burlón—, mi cuñada me agrada.

Lo fulminé con la mirada.

—Quien diría que veríamos a Dim bebé tan enamorado, al rompecorazones le tocaron el corazón.

Mis hermanos se rieron en conjunto, incluso el traicionero de mi padre soltó una carcajada.

—Niños basta, no avergüencen al pequeño y enamorado Dimi —dijo papá con el mismo nivel de burla.

Inhalé y exhalé.

—Muy graciosos —mi tono destilaba sorna—, que infantiles.

Todos se rieron.

—Oh, vamos, hermanito —Tristan me rodeó los hombros con sus brazos—, tienes que aguantar a los pesados de tus hermanos.

—Eres el pequeño después de todo —agregó Mary Ellen.

Puse los ojos en blanco y me crucé de brazos.

—Vaya familia —solté muy sarcástico.

Todos se rieron, incluyendo a mi madre.

En cuanto la final dio comienzo, mis ojos solo vieron a la preciosa chica de azul caminar al tatami para encontrarse con la chica británica que la había vencido al inicio de las competencias de judo.

Todos aplaudimos cuando Jenedith estaba por empezar su lucha. El árbitro dio comienzo al enfrentamiento y todos los espectadores tomamos asiento. El señor Dermont y Sarah estaban muy atentos a los movimientos de su hija y apenas volví mis ojos al frente cuando mi novia ya tenía en el suelo a su rival.

—¡Joder! Eso debió doler —dijo James, muy apenado por la británica.

—Que fuerza tiene Jen —agregó papá sin dejar de lado el asombro en su voz.

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