Se un hombre, no un cobarde

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Jenedith se miraba tan seria, tan cansada que me daba pena de solo verla. No quería que nadie le hiciera daño, estaba harto de luchar conmigo mismo para convencerme que no sentía algo por ella. Era una chica fuerte, inteligente y estaba perdiendo toda cordura por ella.

Ayer pude confirmar que me importaba más de lo que imaginaba.

—¿Podemos hablar, Jenedith?

Ella me miraba taciturna, parecía un fantasma y las guardianas que tenía a cada lado me analizaban con atención.

—¿Ahora qué quieres?

—Prefiero algo de privacidad.

Antes de obtener mi respuesta la puerta sonó y Vega corrió a regañadientes para abrirla. Era uno de esos chicos que estaban en esa tal banda de Atlas, que por cierto, su música no era tan mala.

Era un chico de cabello rubio y la pelirroja que alguna vez avergoncé voló a sus brazos muy feliz de verlo.

Él percató de mi presencia y frunció ligeramente las cejas.

—¿He llegado en mal momento?

—Más bien te perdiste de la acción —corrige la chica de grandes curvas.

—Oh, bueno es que... olvidamos darles las invitaciones a la fiesta privada que tendremos después de nuestro concierto —comenta el chico mientras abrazaba a la pelirroja chillona—. Aquí las tengo... eh... ¿Kelly?

Elevé mis cejas y levanté un poco mi cabeza para responderle con un movimiento.

—Sí tú quieres ir, eres bienvenido.

—No es su estilo —responde Jenedith por mí.

Eso me molestó, en realidad el rock me gustaba.

—No hables por mí —repliqué—. Gracias, ahí estaré.

El rubio sonrió y miró a la chica que tenía pegada a él.

—Eso es todo, ¿quieres que pase por ti, Milly?

—Qué lindo, Beck, pero iré con mis amigas y allá nos vemos.

—Lo que tú digas.

Ambos se plantaron un beso como si estuvieran solos en la habitación, la extravagante con curvas sonreía fascinada y Jen solo los veía con nostalgia.

Después el chico salió y seis ojos femeninos regresaron a mí.

—Tengo que irme.

—Creí que querías hablar conmigo.

—Ya será luego.

Salí huyendo de solo pensar en los labios de Jenedith en los míos. Esta situación estaba saliéndose de mis manos y no me gustaba en absoluto, pero no podía evitarlo, esa chica me parecía más interesante que con todas las que he estado alguna vez en mi vida.

Arrogante y sensual Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora