La tuberia rota

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 Dim Kelly me clavaba su mirada mientras yo seguía pegada a la puerta del copiloto pensando en una idea de escape

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Dim Kelly me clavaba su mirada mientras yo seguía pegada a la puerta del copiloto pensando en una idea de escape.

No iba a abusar de mí, no tenía oportunidad de eso, tal vez era más pequeña que él, pero podía defenderme de tipos grandotes, fui entrenada y no fallaba.

Sobre todo cuando veía mi vida en riesgo.

—No vas a violarme —escupí con asco y buscando la perilla de la puerta.

Dim se mantenía en una postura temple, observando cada uno de mis movimientos. Reaccioné tarde cuando vi que oprimió un botón de su puerta para poner seguro a la mía.

—Te lo advierto —gesticulé con una voz más ronca—. Te haré el mayor daño posible y te despedirás de tu carrera como modelo, lo juro, Kelly.

Seguía sin hablar, como si estuviera marinándome en mi propio miedo y desesperación por salir de aquí.

—He estado con infinidad de chicas con mejor apariencia que la tuya —comenta sin dejar de mirarme de pies a cabeza—. ¿Por qué me esforzaría por violar a alguien como tú?

Mi corazón latía a mil por hora al escuchar su múltiple actividad sexual y fundí mi rostro en una desagradable expresión.

—Este lugar es conocido por ese tipo de cosas: prostitución, encuentros casuales, violaciones —dilucidé para ser más específica.

—Dime algo que no sepa, por desgracia vivo en uno de estos sórdidos y repugnantes edificios por orden de mi padre.

No podía ser cierto.

—¿Tú vives aquí? Pero eres...

—No entremos en detalles, no tienes que saber de mi vida, vivo aquí y ya.

Enarqué las cejas y noté que Dim quitó el seguro y salió del auto, yo tomé mi mochila y salí detrás de él. Vivía precisamente en el mismo edificio que mi madre.

Imploré a Dios porque no fueran vecinos o algo por el estilo.

Entramos al edificio y tapé mi rostro para no ser vista por algún guardia de seguridad y correr el riesgo de que me conociera. Era una vergüenza entrar a estos lugares y ahora que iba con un chico podían imaginarse lo peor y lo más sucio.

Él... follándome.

Subimos por las escaleras y oculté mi rostro con mi cabello al notar que algunas mujeres iban bajando.

—Eres un encanto, muñeco, feliz tirada y a ver cuándo me das a mí.

Me quería morir del asco y de vergüenza. Miré hacia la pared para seguir escondiéndome.

—Vete a la mierda —le responde Dim a la mujer.

—Como me excitan los chicos sucios, estaré esperándote, cariñito.

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