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Tenía demasiadas cosas en que pensar, necesitaba ordenar mis ideas con urgencia, eso quería decir que necesitaba una charla con Sabrina y Elaia.

Lo que había descubierto de Alexei era interesante como mínimo. El tener al sir como un aliado era algo que hacía unos meses me parecía impensable. El saber a Hannah contra las cuerdas me complacía. Y mi origen me tenía un poco desconcertada.

Pero necesitaba ordenar mis prioridades.

Sabrina me miraba con su característica ceja alzada. ¡Esta historia no se termina hasta que pueda hacer eso!

Entré en el salón entre disculpas y excusas tontas. Ya la profesora ni se molestó en decirme nada.

Esperaba ansiosa el final del ciclo para poder poner en orden mis pensamientos y no mezclarlos con las últimas lecciones de Química.

Cuando el timbre del último receso sonó me dije que si no le adelantaba algo a Sabrina me mataría con la mirada.

Me tomó del brazo y se encaminó al baño. Le conté un breve resumen.

Pensaba en como se debían estar desarrollando las cosas luego de las bombas que había dejado caer esa mañana, pero ahora solo podía centrarme en Gavrel y la tortura a la que lo estaba sometiendo. Recordaba nuestras últimas conversaciones cuando mi teléfono empezó a sonar y ella lo sacó de mi bolsillo con cara de querer tirarlo contra una pared. No lo hizo al ver la pantalla.

—Nuestro querido y odiado profe —dijo y me lo tendió.

"Armario del gimnasio".

"Ahora".

—Estoy harta de que me den órdenes —dije y lo ignoré, aunque mi corazón se moría por ir a su encuentro.

Volvió a sonar cuando llegamos a la puerta del baño.

"Ven, Dannika, o haré un maldito escándalo de ser necesario".

—Voy a ir y le voy a cantar las cuarenta verdades en su idiota cara de...

—Ve, linda. De todas formas hoy iré a tu casa —dijo Sabrina.

La miré a modo de disculpa y me encaminé al gimnasio hecha una furia.

—¿Señorita Murath? —dijo el director tras de mí.

Lo que me faltaba.

—¿Sí?

—¿Usted cree que tiene alguna especie de corona aquí? —preguntó acercándose.

—No...

—¿Sabe que hay un horario de entrada y salida del recinto? —preguntó.

—Tuve algunos problemas esta mañana —contesté con impaciencia.

—¿A dónde va? —preguntó con rostro de sospecha.

—¿De verdad quiere que se lo diga? —pregunté. Me estaba estorbando. Mi teléfono volvió a vibrar.

—Sí.

—Mire, si no me deja irme de aquí sin hacer preguntas, el profesor Romanov hará un escándalo de proporciones épicas. Usted no lo conoce en modo niño mimado con los planes truncados, así que...

—¿Te estás yendo a ver con...?

—Director —dijo la voz de Gavrel a mi espalda.

Me estremecí ante su tono, sintiendo una suerte de emoción y un poco de temor ante el tono helado que proyectaba.

—Exacto —le respondí al director que miraba con rostro pálido.

—Le dije a Dannika que necesitaba verla y como ya terminé el turno aprovecho a conversar con ella —dijo Gavrel.

Deuda de sangreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora