Todo va a ir bien.
YEZZY
Guardar la calma no estaba entre mis cualidades y menos después de oír a Thiago. Siempre intentaba ver el lado positivo de las cosas pero, según pasaban las horas cada vez lo veía más negro. Escribí a Manu y nada, Cloe seguía sin regresar a casa. Llamé a Dylan, y lo mismo; él seguía currando y no habían hablado. Recorrí todas las calles de Mataró, el centro comercial pasillo a pasillo y no había rastro de ella. Quería pensar que quizás había cogido el tren a Barcelona pero ¡cómo podía buscarla entre no sé cuántos millones de habitantes! Imposible hacerlo solo. Seguí buscando en cada esquina, con el coche, muy despacio. Fui por segunda vez hasta el paseo marítimo con la esperanza de que, por casualidad, hubiera ido hasta allí. Sabía que era su lugar preferido, que mirar al mar era su refugio, sentía que allí podía llorar a solas y revivir como en una película los momentos más felices de su vida. Aparqué entre cientos de coches para rastrear palmo a palmo aquel largo paseo. Como era sábado había mucha gente. Caminé largo rato sin noticias y, como si de un milagro se tratara, mi vista se fijó en un banco, a lo lejos, con una persona sentada abrazando sus piernas. Reconocí esa sudadera aguamarina, ese cuerpo encogido recostado en sus rodillas con la capucha tapando su cabeza. Me acerqué con el corazón acelerado deseando no equivocarme. Sus Vans con la suela blanca del color de la sudadera me daban señales de que podía ser ella. Grité desesperado apostando la última carta y confiando en que no me equivocaba.
—¡Cloe!
No se movía y me hizo dudar. Grité nuevamente por si la brisa se llevaba mi voz y no me oía. Nada, seguía sin moverse mirando hacia otro lado. Llegué hasta ella. Vi su mochila junto a la libreta donde siempre escribía; me senté a su lado con la certeza de que la había encontrado. Se giró con suavidad. Sus ojos cansados me miraron con ilusión y me regaló una tierna sonrisa. Se quitó la capucha y los cascos a todo volumen que impedían que escuchara los gritos. Se abalanzó sobre mí, abrazándome. Mi corazón saltaba de alegría al saber que estaba sana y salva. Estaba feliz por haberla encontrado. Necesitaba avisar a todos, en especial a Thiago, que seguramente vendría hasta aquí matándose por la carretera.
—¿Sabes lo que me has hecho pasar? —le reñí separándome de sus brazos— Te llevo buscando no sé cuántas horas. ¿Por qué está apagado tu móvil?
—Necesitaba estar sola —suspiró con la nariz roja por el frío y con tristeza en la mirada.
A diferencia de otras veces, no estaba llorando y eso me alegraba.
—Ven aquí, cielo —la senté en mis piernas y la abracé transmitiéndole todo lo que siempre le repetía en voz alta: "todo va a ir bien".
Sus manos estaban gélidas y traté de calentarlas pegándolas a mi cuerpo.
—Gracias, Yezzy, por estar a mi lado siempre, por cuidarme, por levantarme en mis peores días.
Sonó mi móvil, interrumpiendo el momento, y me moví intentando cogerlo del bolsillo de atrás del pantalón sin separarme de ella que apoyaba su cabeza en mi hombro sin importarle quién llamaba.
Llamada entrante de Thiago.
—Está bien, la he encontrado. —Escuché un largo suspiro de alivio al otro lado del teléfono.
—Estoy entrando en Mataró.
—¡Joder, loco! ¿Venías a doscientos?
—¡Ha pasado solo una hora desde que hemos hablado!
—Vete tranquilo a tu casa. Ella está bien.
—Cuídala, Yezzy. No te apartes de su lado, por lo menos hasta que aparezca Marco. Buscaré la manera de solucionarlo todo.
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Mis días de adolescente. Sentir III (Publicada en físico).
RomanceTercera parte de la trilogía MDDA. (Completa). (Publicada en físico 15/09/22). SINOPSIS. Pasaron demasiados atardeceres y lloré mil lunas preguntándome el porqué. ¿Por qué me perdí de vivir estos años contigo? ¿Por qué me regalaste los mejores y p...
