Capítulo 9: Falla Tecnica.

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Daniela no tardó mucho en encontrar su asiento, junto a la ventanilla, tal y como le gustaba

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Daniela no tardó mucho en encontrar su asiento, junto a la ventanilla, tal y como le gustaba. El avión, rápidamente, comenzó a llenarse, y pronto, anunciaron el próximo despegue.

La joven sacó su móvil del bolsillo, y, con este, se deslizó la tarjeta que Poché le había entregado. Se apresuró a tomarla, recordándose a sí misma que era mejor guardar el número antes de que perdiera la tarjeta y no tuviera manera de contactar a la mujer que le hacía el corazón latir de una manera nunca antes vista.

Tras unos minutos, el número de móvil estuvo asegurado en la memoria de su teléfono. A continuación, y tras sentir el avión poniéndose en marcha, Daniela puso su móvil en modo avión, colocó sus AirPods en sus oídos y se decidió a dormir un poco durante el vuelo. Una lágrima rodó por su mejilla mientras observaba el aeropuerto estático frente a ella. Su corazón deseaba bajarse de aquel artefacto e ir corriendo al apartamento de Poché. No importaba que la mujer no le correspondiera, o que no fuera apropiado que ellas estuvieran juntas, Daniela solo quería seguir durmiendo entre sus brazos como las dos noches anteriores, quería perderse en su aroma, quería ser la razón por la que la morena sonriera.

Por otro lado, Poché abandonó el aeropuerto mientras intentaba contener las lágrimas. ¿Porqué se sentía así tras despedirse de la castaña? ¿Realmente estaba enamorándose de una joven que conocía de apenas dos días?

'Eres patética, María José' gritó su subconsciente mientras el Cadillac avanzaba hacia la salida del concurrido aeropuerto internacional de Londres.

La morena levantó la vista del suelo, hacia el asiento que Daniela había ocupado esos días cada vez que se subía al auto, y sintió que no podría contener más tiempo las lágrimas al ver el asiento vacío, más al ver a través de la ventanilla un avión tomando vuelo.

-Adiós Dani- Susurró la actriz, imaginando que se trataba del avión donde viajaba la joven.

¿30 minutos? ¿1 hora? Daniela había perdido la noción del tiempo pues el avión en el que viajaba se había dedicado a dar vueltas por las pistas sin despegar. ¿Que demonios sucedía? Tras perder la paciencia, observó su teléfono, notando que habían pasado casi dos horas desde que había subido al avión.

-¿Sucede algo?- Preguntó la joven para el hombre en el asiento a su lado.

-Al parecer el avión tiene una falla eléctrica, pero llevan un rato intentado solucionarla y parece que aún no lo consiguen- Informó el hombre amablemente.

"Estimados Pasajeros: Debido a una falla eléctrica en el avión, nos veremos obligados a posponer el vuelo"- Se escuchó por los megáfonos- "Lamentamos las molestias. Pronto podrán abandonar el avión por pista"

A los pocos minutos, los trabajadores del aeropuerto trajeron una de las plataformas para que los pasajeros pudieran bajar del avión en pista, en vez de directamente en una puerta.

Daniela se apresuró a bajar para ver a qué hora saldría el siguiente vuelo hacia LA, pero, al parecer todos querían las mismas respuestas.

-No hay más vuelos disponibles hasta dentro de 10 horas- Hablaban las trabajadoras junto al mostrador. '¡Mierda!" Pensó Daniela. ¿Que iba a hacer por tantas horas en el aeropuerto? Sacó el móvil de su bolsillo, y, nuevamente, la tarjeta que Poché le había dado se deslizó desde su bolsillo hasta aterrizar en el suelo. Daniela la recogió con lentitud y se quedó observándola por unos instantes. ¿Era esto una señal?

Poché había llegado a casa hacía poco más de una hora, pero no se sentía de ánimos para disfrutar del día; prefirió regresar a la cama y abrazarse a la almohada que Daniela había utilizado esos días, que aún conservaba el inconfundible olor a rosas de la chica. Su mente daba vueltas mientras intentaba entender como se había ilusionado de aquella manera tan tonta con una persona 10 años menor que ella en dos simples días.

El tono de llamada de su móvil la sacó de sus pensamientos, y la obligó a separarse de la almohada a la que tanto se aferraba. Sus ojos se iluminaron al ver de quién se trataba.

-¿Bueno?- Habló la mujer con una sonrisa- Hola mi amor- Si tono de voz pasó a ser ese que solo conseguía cuando hablaba con uno de sus hijos.

"¿Ya vas a volver mami? Te echamos de menos"- Habló Kenya, su hija menor.

-Pronto mi amor, no te preocupes- Aseguró aún sonriendo- ¿Como te ha ido en la escuela? ¿Y tu hermano?

-Kylian está en prácticas de fútbol, papi lo llevó hace como 30 minutos- aseguró La Niña de 10 años.

La conversación fue poco importante, aunque Poché adoraba esas conversaciones sin sentido con su hija.
Tras unos 30 minutos hablando con la niña, esta anunció que la nanny la buscaba porque tenía que hacer los deberes, Poché se despidió de su hija después de recordarle que debía portarse bien y hacer lo que su nanny le dijera.

Tras dejar el móvil sobre la mesilla de noche, decidió volver a acurrucarse en la cama, abrazada a la almohada, pero, nuevamente, fue interrumpida, esta vez por el timbre de la puerta.

La mujer resopló antes de levantarse a regañadientes de la cama. ¿Es que acaso no podían dejarla deprimirse en paz?

Llegó hasta la puerta principal arrastrando los pasos. No tenía ánimos de ir a ningún sitio, de comer nada o de ver a nadie, pero aún así, abrió la puerta para enfrentarse a lo que sea que estuviera tras ella. Aunque, ciertamente, para lo único que no estaba preparada, era para lo que estaba detrás de aquella puerta.

El aire pareció abandonar sus pulmones por completo cuando sus ojos captaron lo que tenía frente a ella. ¿Era aquello cierto o solo imaginaciones suyas?

-¿Daniela?- preguntó en un susurro.

-¿Sorpresa?- Alegó la joven, encogiéndose de hombros.

Sin perder un segundo más, Poché hizo lo que debía haber hecho desde el primer momento que la vio. Saltó a los brazos de la chica, dejándose inundar por el dulce aroma a rosas.

 Saltó a los brazos de la chica, dejándose inundar por el dulce aroma a rosas

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