Un trabajo en común era lo único que relacionaba a Daniela Calle con la aclamada actriz Poché Garzón. Lo que nunca imaginó fue que su desdichada fortuna la llevaría directo a los brazos de la renombrada actriz. ¿Conseguirá quedarse entre ellos?
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La mañana llegó inminente. Poché había dormido poco, y no solo por el hecho de tener un recién nacido en su habitación, si no también por la situación en la que se encontraba.
¿Cómo protegería a sus hijos y Daniela de Johann?
Daniela se levantó cuando los primeros rayos de sol se colaron por su ventana; la joven estaba ansiosa ante lo que parecía ser el principio de la lucha por la libertad de Poché.
Tras ducharse y prepararse rápidamente, bajó a la cocina en busca de algo rápido de desayuno antes de marcharse al hospital, aunque sus planes se vieron alterados por la presencia de JuanPa en la cocina.
-JuanPa- murmuró sorprendida, finalmente recordado que el joven había decidido pasar allí la noche tras su corta charla del día anterior.
-Buenos Días, Amor- El joven sonrío al verla, aunque, rápidamente, volvió a concentrarse en el sartén que mantenía sobre la hornilla encendida- Espero que hayas despertado con hambre.
La castaña asintió, intentando ser amable con el joven. Sabía que debía encontrar una manera de hacerle entender a JuanPa que lo que tenían debía acabar, pero, ¿Cómo hacerlo? Juanpa había sido un excelente amigo y buen novio para ella; no tenía ninguna queja de él, incluso se atrevería a decir que sí Poché no estuviera en su vida, hubiera conseguido enamorarse de él, pero todo pasa por algo, y la morena era lo único que le importaba.
Tras desayunar en silencio, Daniela se levantó con intención de llevar los platos a la cocina, pues a pesar de contar con varios empleados, la joven seguía siendo lo suficientemente educada como para no dejar el plato sucio en la mesa.
-¿Qué te parece si nos vamos de viaje?- Preguntó el chico junto a ella sin venir a cuento- Quizás eso sea lo que necesitas, estás un poco tensa, mi amor.
Daniela resopló al escuchar al joven llamarla de esa manera, por mucho que lo intentaran, no había manera de que esas palabras sonaran bien en los labios de alguien más que no fuera la morena que le había robado el corazón; era ella quien Daniela deseaba llamar su amor y de quien únicamente quería escucharlo.
-JuanPa... yo...- Resopló nuevamente, intentando armarse de valor para llevar a cabo lo inevitable- No, no creo que debamos irnos de viaje, bueno, al menos, no juntos- el joven frunció el ceño confundido- Lo siento, JuanPa, eres un gran amigo, y te voy a estar eternamente agradecida por tu compañía estos meses, pero... pero...- la castaña resopló, intentando buscar las palabras adecuadas.
-Dani, ¿De qué estás hablando?- la joven supo al instante, tras observar al chico a los ojos, que no habrían palabras adecuadas, y que aquello no sería fácil en ningún sentido.